25 feb. 2015

La dubitativa

El tren estaba a punto de salir. Su pitido me había hecho perder los nervios casi de inmediato y no conseguía sentir otra cosa que no fuera el eterno pause; mi cuerpo paralizado por la incertidumbre. No estaba segura de nada en aquel momento y lo sabía. Como quién ha visto a la parca pasar ante sus ojos, en ese caso yo me quedé como estatua de sal visualizando en mente y cuerpo lo que supondría no coger el dichoso tren, y, así por mi mente se fue materializando en proyección la serie de sucesos devastadores que me dejarían aún más seca si cabía, y esa era autodestrucción de todo lo que era mi vida. Las "flores", lo nuevo, la frescura, el sabor, mis conocimientos... todo lo que una vez creí conocer subió a ese tren y se marchó después de haber estado esperando más de lo que debiera a una yo dubitativa y llena de verdadera psicopatía que recogía su pie en el aire con clara intención de dar un paso pero lamentablemente otra vez lo dejaba en el sitio del que yo tan dubitativamente idiota no le permití despegarse ni si quiera horas después de que ya no estuviera en andén alguno.


Y el pitido volvía a pedirme a gritos que subiera y yo estaba demasiado asustada, plantada, siendo el árbol que te encuentras un día en el jardín sin cómo ni por qué bajo la suposición de que alguien dejó caer por accidente la semilla de la desesperación. Sí, aunque comprendía que había llegado mi hora, el punto de inflexión o como se entienda. Sin embargo, no me apeteció aceptar los cambios en el guión.
Al final mi cuerpo no se movió ni un milímetro aunque mi mente soñó que se subía a uno de esos vagones sin dudar en dejar el recipiente vaciƥ tras de sí, como si hubiera sido una ameba que se había cansado de vivir a la sombra de su hermana, que quería ser libre y en un arranque dejó a la defectuosa y subió con espíritu libre al vagón. Pero seguía soñando despierta después de todo pues la chica que algún día fui se había quedado atrapada en esa estatua de sal en medio de ninguna parte y lo que se había ido se trataba de mis ideales. Mi otra y y mejor versión de mí. Me eché a llorar y lo pasé mal. Y ahora quisiera volver obsesivamente al estado que se sentó en algún asiento de ese tren-ida. Habrá alguna forma de hacerlo volver o quizás es que al mismo tiempo la esperanza fue de polizón creyendo ingenuamente en mi promesa de seguir adelante a pesar de todo.
¿Y qué se hace cuando pierdes la esperanza? ¿Qué se hace cuando pierdes la cabeza? ¿Qué haces con la vida cuando no dejas de perder trenes mientras resoplas de aburrimiento? Yo lo sabía, me repito pero me sigo preguntando sin poder entender lo que me pasa/pasó para responder con algo válido.

Y las lagunas mentales en este mundo no han hecho mucho por sacarme de este show anafiláptico que sigue pesando mi alma en gramos.

Reallyrealief

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