25 jun. 2013

Sin nada importante que decir




























Siempre pienso que cuando no escribo demasiado
es que no tengo nada importante que decir.
Aunque últimamente si no escribo
es porque aprovecho las cosas importantes que me digo
para saberlas sólo yo y que se acaben
las grietas, los surcos y la facilidad de mi lectura
en braille.
Todo eso que duele
y que intento que nadie sepa de su existencia.

Quizás tú también me veas así,
como una posible suicida de tus palabras, y más quisiera yo
creerme tan trascendental en tu vida,
capaz de configurar a mi gusto cada uno
de tus pestañeos.
Capaz de escocerte un poco en las heridas,
ser adictiva y darte la cura en el momento idóneo,
justo antes de que te vayas.

No sólo nos faltan distancias cortas,
invención y deseos cumplidos, si no también
capacidad de reacción, poesía corporal,
baladas del roce
y balazos que rozan.

Y siempre creo valientes a las personas equivocadas,
o quizás la equivocada sea yo,
que creo en ese par que hay que echarle,
a los días, las mañanas desabridas
y todo aquello que acabe por marcarnos.
Quizás sea eso, que espero que alguien valiente,
me enseñe a serlo y que él o ella,
se deje a ser algo cobarde a veces,
a asomar con timidez la cabeza fuera de nosotros
y guiñarle un ojo a los gigantes del miedo.

No quiere decir que me rinda esta vez,
pero a lo mejor estoy siendo valiente en exceso
al seguir limpiando el camino
de bandidos y prostitutas traicioneras.

A escribir hoy, sin venir a cuento
y sin tener nada importante que decir.