13 mar. 2013

Éxtasis
















No cedes, no cedo. Tres mil golpes al estómago, un tirón de la ropa interior y volaremos por los aires dejándonos llevar por el estallido. Dices que apague la luz, que no quieres dejar que vea de qué sustancia estás hecha y no sabes que un cuerpo desnudo lo admiro mejor a oscuras.
Me han rozado tantas veces, agrietado mis comillas, que ya no sé ser sarcástica cuando me preguntas otra vez si alguna vez aprendí a volar raso sin que la gravedad pesara más que las mentiras. Las tengo todas, ellas, todas las que me han ido soltando, recopiladas en mi diccionario de cosas que decido creerme y otras de las que finjo no percatarme.
Nunca mi cuerpo le había quedado tan bien a otro. Y lo digo así, sin calmantes, aprovechando la resaca que tengo de beberte con unos grados de más en tu piel.
Tu nombre se resume en curvas, en mis serpenteos hasta llegar a tu cintura. Tu nombre, cuatro letras que pronuncio como si hubieran sido escritas para que yo las nombrara en un poema, cuando el mejor de todos ellos es el “Sigue” que precede al arrugar de las sábanas por tus dedos.
Qué bonita tu habitación desordenada, cuando es la ropa que te acabo de quitar la que cubre el suelo.


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