26 mar. 2013

Mi salida


No sé qué me pasa y tampoco sé si quiero invertir tiempo en descubrir lo qué es. Tal vez sea el tiempo que llevo intentando averiguar por qué vivo al final de cada escalón donde tropiezo, quedándome a esperar que el siguiente no haga lo mismo que el anterior.

Vivo bien y todo eso está genial para darme cuenta que sé moverme, sé existir y pegarme esos bailes que la mayoría de las personas suelen declinar.
Saber existir no quiere decir que respirar lo sea todo. Quizás no sea suficiente el hecho de saber que vivo, quizás falte una buena razón, unos labios que sepan marcarme a mí como la diferencia abismal entre existir y existir para alguien. Aún no he encontrado a nadie capaz de convertir el agua que bebo en un buen vino, en brindar con él el roce fortuito de nuestros huesos, que acabarán desgastándose, enterrados por un roce similar al del placer, a la autodestrucción y muerte de los vanos intentos de significar.
A quién le importa
De dónde quiera escapar
Si ni si quiera la belleza interior de alguien
Puede hacerme levitar.
Eras la excepción y, como tal, debías ser excepcional. Has acabado presa de la ambigüedad de lo que ni yo misma concibo que somos.
Vamos, tú puedes, eres capaz de descongelar todo este tiempo perdido que se ha amontonado. Venga, tú puedes, detén esta coagulación de estigmas y cicatrices firmadas con otras bocas. Venga, tú puedes, hazme renacer de mis cenizas, sácame brillo con el tuyo.
Y cuando menos lo esperes, te habré dejado atrás como hago con cada arruga de mi colchón que pretende destacar

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13 mar. 2013

Éxtasis
















No cedes, no cedo. Tres mil golpes al estómago, un tirón de la ropa interior y volaremos por los aires dejándonos llevar por el estallido. Dices que apague la luz, que no quieres dejar que vea de qué sustancia estás hecha y no sabes que un cuerpo desnudo lo admiro mejor a oscuras.
Me han rozado tantas veces, agrietado mis comillas, que ya no sé ser sarcástica cuando me preguntas otra vez si alguna vez aprendí a volar raso sin que la gravedad pesara más que las mentiras. Las tengo todas, ellas, todas las que me han ido soltando, recopiladas en mi diccionario de cosas que decido creerme y otras de las que finjo no percatarme.
Nunca mi cuerpo le había quedado tan bien a otro. Y lo digo así, sin calmantes, aprovechando la resaca que tengo de beberte con unos grados de más en tu piel.
Tu nombre se resume en curvas, en mis serpenteos hasta llegar a tu cintura. Tu nombre, cuatro letras que pronuncio como si hubieran sido escritas para que yo las nombrara en un poema, cuando el mejor de todos ellos es el “Sigue” que precede al arrugar de las sábanas por tus dedos.
Qué bonita tu habitación desordenada, cuando es la ropa que te acabo de quitar la que cubre el suelo.


7 mar. 2013

Poema de domingo por la noche

Esta noche se ha quedado a medias
porque faltan las tuyas tiradas
por mi habitación.
Esta noche permito que me grites,
lo que sin lugar a dudas
será nuestro pecado inconfesable.

Dile a tus clavículas
que tienen una cita conmigo,
en el mejor restaurante de esta ciudad
tejida a reojos.
Que si me tengo que colgar,
que sea de la comisura de tus labios,
cuando me agazapo un segundo antes
de hincarte el diente.

Esta noche no me faltas tú,
te hago falta yo a ti.
Que sin nosotras
la noche no sería más
que un día nublado.

Tú sabes
que somos las únicas
que se han atrevido
a beberse las estrellas,
a brillar por encima de todas ellas
sin necesidad de ser ingrávidas.

Porque las únicas herramientas
que necesito para inventarte
son los miles de poros
que rozo con los tuyos.
Y que si me tengo que equivocar,
sean tus gemidos los que acallen
mis errores.

Porque sé vivir
sin darle sentido a nada,
pero me gusta saborear
el que me das tú.