31 ene. 2013

Y yo que me alegro



No me hagas mucho caso,
Pero a veces te has quedado atrancada
Entre mis manos
Mientras aplaudía cada puñalada
Cada mentira y cada engaño,
Como se aplaudía en los coliseos
A los leones hambrientos
Que devoraban armaduras
Más duras que la mía.

No me hagas mucho caso
Que hace días que permanece
Mi pulgar hacia abajo, sentenciando.
Y yo que me alegro
De que a tu recuerdo, ebrio de vacío,
Se le hayan olvidado los motivos
Para alojarse en mis adentros.

Y yo que me alegro
De que no me hagas mucho caso
Para no tener que explicarte,
A ti, luna de sal,
Que no soy yo, sino tú,
La que se ha quedado a medias
de escribir,
Pues este es el último poema
que permito que merezcas.



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