2 ene. 2013

Las cosas claras y el chocolate sin azúcar



Dije que me gustaban tus ojos un día. Pero ahora me gustan a todas horas. Dije que me gustaban tus ojos y todavía no los he probado, no los he rozado con los míos ni un poco.
Dije que eran enormes puntos de inflexión que me desajustan las esquinas de mis sonrisas cortesanas. Dije, dije que eras preciosa, que para que mirar el cielo si te tengo a ti aquí abajo.
Dije que me intercambiabas pestañeos cada vez que sueño un poco que me miras diferente. Quiero ser esa mirada que me eches encima que marque la diferencia.
Porque he dicho de ti a todo el mundo que ni si quiera te conozco, que sé lo que te duele y como curarlo y que dije que podría hacerlo si te dejas. Dije que podría sacarte de cualquier sitio donde no quisieras estar.
Te dedico estas palabras, tú que me desconoces, tú que me hablas a los ojos que aún no te han comido del todo, tú que quieres que te sonría un poco más cerca esta vez. Te dedico estas palabras porque sé que te mereces leerlas y por eso te las doy, sin pedirte nada a cambio.
Porque dije, digo y diré todo lo que haces que piense sobre ti y no servirá de nada. Porque lo que diga se queda en el aire, se vende a las inhalaciones de otros pulmones que no son los tuyos y no sirven. Quiero que compres cada una de ellas y te la tatúes a la espalda, quiero hacerte renacer de esas cenizas donde te fumaron.
Quiero enmudecerte la voz con los mismos dedos con los que te haré gritar.
Quiero que mis palabras, lo que te digo y lo que no, sean los escalofríos que hagan que me abraces, que me beses, que te deshagas, que de ti no queden más que las ganas de reinventarte.

De relatarnos, de grabar la película de tus duelos de espadas de juguete que no hacen daño. De ti y de mí, de temblar.

Dije que no hablaría demasiado de ti, que no escribiría sobre cuánto me gustan tus ojos, esos que me gustarían más si me pudieran mirar ahora.
Dije que no escribiría sobre ti, porque escribir sobre alguien, para mí, es convertirlo más que en unas pocas sonrisas y palabras bonitas. Es cambiar el punto de sitio, es no ponerle un final o un límite. Es, tal vez, errar. Equivocarme.
No quiero ser otra de esas chicas que se equivocan contigo. No quiero que seas otra de esas chicas que me prenden fuego.
No quiero decir que dije que te quedarías en chispas sin provocarme un incendio.
Quiero seguir escuchando tu ruido de lejos, sin quedarme sorda. Quiero… ¿Por qué hablar de lo que quiero? Puede que te quiera a ti y por eso mismo no quiero saberlo.
Y por eso mismo no escribo sobre ti, y por eso mismo me callo, me muerdo el labio y espero que no me pidas que me desnude esta vez porque verías lo que no quiero ver yo.
No quiero echar a perder nuestro rodaje antes de que apenas se haya estrenado la primera parte de la película. Y lo echaré a perder, a ganar, lo echaré a suertes a pesar de que no me quedan más extremidades que apostar. Apostaré mis ojos a mantenerlos cerrados cuando acabes y asomen los créditos sin mi nombre en ellos.

1 comentario:

Puma Delí dijo...

Me encanta, cada frase supera la anterior, y sobre todo la parte final desde... "Y por eso mismo no escribo sobre ti" me ha dejado sin palabras. Tienes mucho arte chiquilla, sigue con ello que te has ganado una fan.