9 ene. 2013

En automático

En qué momento dejé de remontar el vuelo, haciendo los ecos más comunes, más costumbres. Qué es lo que estoy haciendo tan mal como para que nadie se quede el tiempo suficiente para sacarme brillo. Dímelo tú, Noemí, dímelo tú, que metes en remojo de vez en cuando lo que duele para que se ablande un poco y golpeé con menos fuerza. Y amortigüe los nudillos de esos besos escuetos que como puños te hacen replantearte si de verdad es así cómo quieres que sea siempre todo.
Vivir en automático.
Vivir en pechos que te estallan como una bomba nuclear, desparramando por todos lados los motivos que creías que te iban a servir como billete sólo de ida, volviéndolos radiactivos, convirtiéndote en la chica tóxica que siempre has sido, al fin y al cabo.
Volví a mi centro, como un péndulo que se balancea en su gravedad chocando con los bordes de mis desencuentros, bajando el ritmo hasta no ser interrumpido por ningún agente externo. Y ahí apareció tu dedo, golpeándolo de nuevo, haciendo vibrar la cuerda tensada de la que cuelga mi cabeza. Y ahí estoy, tú que lo sabes, tú que te vistes mejor cuando estás segura de que voy a visitarte en sueños, estoy balanceándome, volteándome, emitiendo mi ruido para que vengas y te quedes a escuchar.



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