24 dic. 2013

Dualidades especiales




















Nadie dijo que fuera fácil,
eso de quererse
con "errores" de accesorio,
quizás todos sueñan
demasiado en su ombligo,
siempre fijándose en lo poco
sin sueños de alegría de bolsillo.

Pues las pequeñas cosas
son las que nos hacen libres,
pues en tu pequeño mundo, no hay cadenas,
si no galaxias enteras
de quererte contigo,
de quedarme conmigo,
y que seas lo bonito
de lo que escribo,
sin dolores ni goteras,
que no sean de pasar
más de una noche
sin frío...

Eres,
existes
y te vivo,
mas avivas
con tu ruido
mi sordera,
cuando el mundo se silencia
porque grita tu cuerpo y el mío,
y lo bonito que puede ser
desgarrarse a veces
con lo bien hecha que está tu boca.
Que no hay relojes,
ni tiempo que se agote,
sólo eclipses de lunares
provocados por mis dedos
atraídos por la gravedad
de tus descuidos
al mirarme el culo
cuando llevo puestos tus pitillos.

Ya sé que no me entiendes
cuando hablo con metáforas,
ni tampoco conoces
el motivo de ponerme tu ropa,
cuando la mía se toma vacaciones,
ni yo a ti cuando hablas con razones
de quien se ha quedado sin locura,
golpeando, con soltura, mi boca
con tus besos áridos,
por eso yo te hago perder la cabeza
y tú me haces hallarla,
sin más armas
que cuatro ojos
sin mirillas
y sin miedo.




20 nov. 2013

De destellos y espejismos


Una vez me dijeron que no hay palabras sin silencios entre ellas.
Vas como si nada, dejando que el mundo vaya cambiando tu alrededor, quién eres y tus porqués. Quién quiere, puede perder el rumbo en estos días de tormenta, de acabar salvajes y dormidos bajo estrellas que no brillan. Y a la intemperie, con el frío a oleadas y sin abrigo, vas apartando la hojarasca, rescatando de debajo de la tierra los quejidos que hacen temblar los cimientos, que endureces cada día.

He querido acallar durante siglos el rugido que quebranta mis quimeras y, como un eco atrapado en el limbo, vuelve e interrumpe el viento a favor. “No vayamos tan despacio”, me dije sin oírme. “No vayas tan deprisa”, me dije sin tiempo. Porque nunca es demasiado pronto o demasiado tarde, pero siempre es tarde demasiadas veces.

Veo vacíos donde hay espacios, silencios donde deberían empezar las palabras. Promesas que pierden altura con mi vuelo raso. Y algo, pequeño e importante, muere aquí dentro, con la falta de oxígeno. Pero nunca del todo.

Respiro y recupero de un golpe los sueños, perdidos como niños en “nunca jamás” que no me atreví a pronunciar. Aparto con la mano los pájaros carroñeros, ingenuos de creerme abatida y no moribunda, y desato junto con los nudos de estómago, la mordaza que silencia mis pasos. Asusto a los fantasmas abriendo las ventanas, iluminándome confiada de no encontrar más que telarañas por el desuso. Soplo y levanto el polvo que cubre la piel muerta de lo que fui. Enciendo las luces, pongo en marcha el show de los actos y segundos vividos, como un rodaje casero: tierno y lejano. Entiendo el proceso, apunto inquietudes y beso las corazas y armaduras que se cambiaron por mí en algún momento. No las echo de menos y me descubro segura de quien camina ahora. Y, al desquitarme de vestidos carcomidos, las interferencias cesan; la piel coge aliento y continúa.


Así, desde que la libertad para mí pasó de naturaleza a modo de vida, acepto que hay veces que los silencios entre palabras sólo sirven para coger aire y seguir usándolas.


11 oct. 2013

Establecidas

Pusimos a punto nuestras armas, acicalando cada recoveco de sus estructuras, abrillantando las zonas polvorientas y carcomidas y reconstruyendo desde los cimientos nuestras capacidades muertas. Levantamos la mirada casi al unísono y perdimos la orientación al mirarnos a los ojos. El tiempo parecía espesarse con el aire, congelando los átomos en el universo y creando una atmósfera, que como una bomba nuclear, sería difícil de olvidar y separar de nuestros huesos.

Desdoblamos lo que somos, relatando nuestras historias y descosiendo las heridas, sin dejar de apuntarnos directamente, dejando a los sucesos hablar por sí solos. Y caí en el hecho de que tal vez sí hagan falta palabras a veces que justifiquen nuestros actos, que no es suficiente con decirnos las verdades y actuar en consideración con ellas, que hace falta también decir a veces por qué las hacemos.

Sólo nos apuntamos y miramos cómo somos, viviéndonos poco a poco, esperando que empiece el invierno para cobijarnos en nuestros duelos de silencios. Nos desafiamos, nos provocamos, para hacer caer el telón y descubrir de qué aciertos estamos hechas. Y ninguna baja esa guardia inamovible, aguardando el momento de explotar como los días que amanece antes de tiempo.

Porque aún nos quedan muchos motivos para echarnos de menos aunque aún tengamos que despertar de sueños que ya se están cumpliendo.

30 sept. 2013

El acuerdo

La facilidad con que dos personas de concepciones idénticas, se ven involucradas en un ir y venir de acontecimientos que, por separado, las hacen únicas y en su conjunto, increíbles.
Y que esas personas seamos tú y yo, aprendiendo a soplar y limpiar el polvo de las tapas de los que un día fueron nuestros principios, nuestras teorías, para pasar a ponerlas en práctica, es algo que rompe las barreras y los límites de las costumbres que nos hacen.
Sonreír por ello, porque siempre supe que entre un millón de errores, y tras repasar cada uno de ellos, encuentras la excepción que confirma la regla; la ecuación que no conseguías resolver y dejaste solucionar al tiempo y un día entras en tu cabeza y te la encuentras resuelta en la pizarra. Y esa eres tú, el problema por el qué he apostado tiempo e intentos, en vano, que se ha resuelto por casualidad, por el simple hecho de que era el momento idóneo, en la cantidad exacta y en la mente correcta.
Esa es una de las muchas cosas que adoro de ti, que conviertas mis "problemas" o cuestiones en aciertos. Que seas tan real como cualquiera y que, además, lo sepas.

"Hoy por ti,
mañana por mí,
lo que por mí, tú
y lo que por ti, mío."

21 sept. 2013

Punto de inflexión

Antes de acabar siendo, desde un principio, un problema de entendimiento y confianza, tan mundano como lo es creer que el destino no existe y que todo ocurre por casualidad, fui una crédula de lo cósmico. Nunca me paré a pensar en que casi todos nos establecemos en un orden que creemos canalizar voluntariamente en nosotros, pero lo cierto es que casi ninguna persona es capaz de comprender, aunque sí suponer, cuál es su lugar en 'el mundo'.
Porque está la realidad y sus pesquisas, y una de sus muchas enfermedades incurables que es la evasión y en la que alguno de nosotros, de vez en cuando, se ha dejado caer, como yo caigo miles de veces buscando encontrar esa diferencia entre todas las veces anteriores.

Quizás haya llegado el momento de dejar de reparar en el hecho de que estamos vivos y empezar a aceptar que somos reales.






"No es venganza, es ley de Newton: Para cada acción hay una reacción."

7 ago. 2013

Las sobras de las noches que me ceno



Mira que hora es
que parece que esta noche
haya sido fabricada con tus ojos.
Y yo aquí, fumando a la intemperie
y ajustándome el reloj
para vivir de cero.

No tengo tiempo, sólo el mío
para derrochar
cuanto me deje el día.
Y por eso no tengo ganas,
de perder el poco que me queda
en promesas
que dependen de él,
en mañanas de contar las estrellas
que me bebí ayer.

Me quedan los días
de acabar sin nada
de lo que necesito,
porque sólo necesito
lo que ya tengo.
Que los sueños mueren
al despertar
y yo he conseguido tenerlos
con los ojos abiertos.

Y eso,
ni tus ojos,
ni tu voz,
ni tus poemas
de cigarro en la cama,
pueden desasirme de la idea
de que tenerte es una casualidad
y no una elección.

25 jun. 2013

Sin nada importante que decir




























Siempre pienso que cuando no escribo demasiado
es que no tengo nada importante que decir.
Aunque últimamente si no escribo
es porque aprovecho las cosas importantes que me digo
para saberlas sólo yo y que se acaben
las grietas, los surcos y la facilidad de mi lectura
en braille.
Todo eso que duele
y que intento que nadie sepa de su existencia.

Quizás tú también me veas así,
como una posible suicida de tus palabras, y más quisiera yo
creerme tan trascendental en tu vida,
capaz de configurar a mi gusto cada uno
de tus pestañeos.
Capaz de escocerte un poco en las heridas,
ser adictiva y darte la cura en el momento idóneo,
justo antes de que te vayas.

No sólo nos faltan distancias cortas,
invención y deseos cumplidos, si no también
capacidad de reacción, poesía corporal,
baladas del roce
y balazos que rozan.

Y siempre creo valientes a las personas equivocadas,
o quizás la equivocada sea yo,
que creo en ese par que hay que echarle,
a los días, las mañanas desabridas
y todo aquello que acabe por marcarnos.
Quizás sea eso, que espero que alguien valiente,
me enseñe a serlo y que él o ella,
se deje a ser algo cobarde a veces,
a asomar con timidez la cabeza fuera de nosotros
y guiñarle un ojo a los gigantes del miedo.

No quiere decir que me rinda esta vez,
pero a lo mejor estoy siendo valiente en exceso
al seguir limpiando el camino
de bandidos y prostitutas traicioneras.

A escribir hoy, sin venir a cuento
y sin tener nada importante que decir.


24 may. 2013

Transfusiones de sueños














Cielo,
llamarte así 
le quita importancia a los astros,
pues te has vuelto incandescente
con el paso del tiempo.

Ya no hace falta,
que siga el mundo
demorando las horas
que devoro yo 
con los ojos cerrados,
pues con las sobras de mi paciencia,
puedo esperar lo suficiente 
para llenarnos de importancia.

Devoro tus días y tus noches
-y créeme que me gustaría
devorarte a ti si te tuviera-

Aunque es un secreto que reservo
para el día en el que ni las horas,
ni los kilómetros, ni el miedo
sean partícipes de este baile
a media luz que nos damos
con tu risa.

Quién diría,
ahora que me faltas, 
que algún día acabaría 
por no sentirme reinventada 
en tus manos de arquitecta.
Y aún así,
hablemos de no poder, de equivocarnos,
y nunca el tema principal
serán nuestros labios juntos al fin.

Déjame decirte, despertarte el ingenio,
y quedarme completa y llena de parches,
en tu vida hecha jirones incurables.
Que yo te curaré,
que suturaré cada engaño y mentira
que se han atrevido a contarte,
con mi hilo temporal, escaso y único.

Y sólo por ti, que sigues significando,
y sólo por mí, porque mereces la pena,
porque vale la pena arreglar 
lo que una vez rompieron niños
que siguen siéndolo.

Déjame que te diga
que desde que te conozco
y sé lo que te duele, 
no pienso en otra cosa que no sea
en salvarte.

-Y no tengo capa, ni insignia,
pero sí tengo sueños-.

16 may. 2013

La historia de la maestra en papiroflexia y los kilómetros de papel


Corriendo en círculos. Nunca fue tan fácil encontrar lo que buscan todos.
Te separan kilómetros de todo lo que quieres y la maleta sigue vacía de intenciones. Y mis palabras siguen significando la diferencia, cuando un abrazo escrito se traduce en un abrazo físico. Cuando los "te quiero" son sin voz, sin aire de por medio. Cuando besar a alguien es más difícil de lo que parece, acostumbrada a conseguir lo que crees que quieres.
Y la distancia te sirve en bandeja todas las comidas del día, malgastando el tiempo que podrías utilizar para cruzar el país.
Quién no querría vivir de te quiero y no puedo tan bien como lo hago yo, acostumbrada a no dar ni una y a que ni una me acierte.
Y tú, cansada del mismo inconformismo, preciosa adquisición de este mundo que nos doblega a su antojo. Tú que le das envidia al oro porque vales más que él, que te ríes de los kilómetros que como barrotes de cristal nos enclaustran, teniendo tan sólo una triste oportunidad de hacernos invencibles.
Tú, que has aparecido, inventando los días de sol con tu voz, teniendo la certeza de que nos daremos un banquete con nuestros huesos, corriendo en círculos para poder coincidir la casualidad que me llevó a quererte. Y lo fácil que ha sido darte mis ganas, mi luz y mi sombra para que dibujes sobre ti el vestido que llevarás todos los días para mí, para que te lo quite yo.
Que pena no conocerte ni saberte ni un poco, que pena no darte motivos y tan sólo palabras que nos encadenan.
Hagas lo que hagas, hazme a mi primero. Hazme libre hazlo eterno, haz que no me canse de reventarme a motivos, a hechos, a darle cabezazos a la almohada que tantas veces me habla de imposibles y de ti.
Tú, mi "por cierto" más certero, acribíllame la vida de tus encuentros, de la forma de tu cuerpo en las arrugas de mis sueños.
Tú, ahora casi todo lo que quiero, lleva tu nombre.

1 may. 2013

De viajes en autobuses que no deberían salir nunca

Cuando era pequeña, me encantaban las hadas.
Pequeñas, frágiles, mágicas y que morían con las mentiras.
Siempre he deseado capturar una que hiciera mis sueños realidad
y mi vida más fácil.
Sin embargo, aunque he creído siempre en ellas,
nunca he tenido el placer de encontrarme con ninguna que me salvara.
Después de más de nueve años, he encontrado la que es perfecta
pero vuela demasiado alto para mí.
La veo ahí, a lo lejos, burlándose de lo diminuta que soy
en comparación con el mundo.
Aunque ella sabe que cabe perfectamente en la palma de una mano,
también me hace saber a mí que lo que me hace pequeña
es mi incapacidad para verla a ella inmensa, como lo es.

Me hechiza con su polvo fantástico, pero sigue inalcanzable.
Y sigo sin construir esa escalera al cielo para lograrla.
Sigue revoloteando a mi alrededor, mientras la carretera sisea
y aún me dura el efecto de quererla.
"No te preocupes, la vida es fácil", me gritó desde las alturas,
quitándole importancia a sus voleteos, a su luz
y a su capacidad de inventar sueños que se cumplen.
Ella es magia y me hace mágica a mí con cada beso
y me canta esos versos que me encantan, que me hechizan
y deshacen los problemas, los barrotes de la prisión
que para mí significa mirarla desde tantos kilómetros de aire.
Le dije que bajara, que me irradiara libertad hasta quemar
pero me juró por la verdad que consiguiría con su polvo
hacerme volar para alcanzarla.

La miro, me sonríe desde arriba y me hace polvo,
el mismo que utiliza para tenerme hasta las trancas.
Que los kilómetros no nos hagan perder el sueño
de que algún día no los hayan.


4 abr. 2013

Vestida a contraluz


Besarte. Tocarte. Que sobre lo demás. Tu voz aullando en el momento exacto en el que te desnudas de verdad.
Nada se compara a ser dos gatos recogiendo los pedazos de las sobras que nos hacen. Inventar miradas nuevas, bordar el día con la punta de los dedos, quedarnos secas y volver a bebernos, a debernos otro más.
El mejor sueño húmedo es el que se tiene después de hacerlo realidad. Un beso tuyo al aire que no se desperdicia si es tu brisa la que lo trae hacia mí.

Qué exacta le quedas a mis manos, ellas que convierten tu ropa en piel. Qué bien le queda a tus ojos mirarme, y como le gusta a los míos liberar tus prisioneros y alimentar tus ganas de verme. Qué fácil quitártelo todo y vestirte de mí, porque tu mejor baile lo diste conmigo mientras nos cubría la tarde.
No hay nada que me guste menos que algo que pueda esconderte. Ni tu ropa, ni tu miedo, ni tus dudas. Déjame arrancártelo todo, regalarte este vestido tejido con latidos de corazón erosionado. Que tú con tu sonrisa de etiqueta conquistas cualquier pub, siempre y cuando la conjuntes conmigo.

26 mar. 2013

Mi salida


No sé qué me pasa y tampoco sé si quiero invertir tiempo en descubrir lo qué es. Tal vez sea el tiempo que llevo intentando averiguar por qué vivo al final de cada escalón donde tropiezo, quedándome a esperar que el siguiente no haga lo mismo que el anterior.

Vivo bien y todo eso está genial para darme cuenta que sé moverme, sé existir y pegarme esos bailes que la mayoría de las personas suelen declinar.
Saber existir no quiere decir que respirar lo sea todo. Quizás no sea suficiente el hecho de saber que vivo, quizás falte una buena razón, unos labios que sepan marcarme a mí como la diferencia abismal entre existir y existir para alguien. Aún no he encontrado a nadie capaz de convertir el agua que bebo en un buen vino, en brindar con él el roce fortuito de nuestros huesos, que acabarán desgastándose, enterrados por un roce similar al del placer, a la autodestrucción y muerte de los vanos intentos de significar.
A quién le importa
De dónde quiera escapar
Si ni si quiera la belleza interior de alguien
Puede hacerme levitar.
Eras la excepción y, como tal, debías ser excepcional. Has acabado presa de la ambigüedad de lo que ni yo misma concibo que somos.
Vamos, tú puedes, eres capaz de descongelar todo este tiempo perdido que se ha amontonado. Venga, tú puedes, detén esta coagulación de estigmas y cicatrices firmadas con otras bocas. Venga, tú puedes, hazme renacer de mis cenizas, sácame brillo con el tuyo.
Y cuando menos lo esperes, te habré dejado atrás como hago con cada arruga de mi colchón que pretende destacar

.

13 mar. 2013

Éxtasis
















No cedes, no cedo. Tres mil golpes al estómago, un tirón de la ropa interior y volaremos por los aires dejándonos llevar por el estallido. Dices que apague la luz, que no quieres dejar que vea de qué sustancia estás hecha y no sabes que un cuerpo desnudo lo admiro mejor a oscuras.
Me han rozado tantas veces, agrietado mis comillas, que ya no sé ser sarcástica cuando me preguntas otra vez si alguna vez aprendí a volar raso sin que la gravedad pesara más que las mentiras. Las tengo todas, ellas, todas las que me han ido soltando, recopiladas en mi diccionario de cosas que decido creerme y otras de las que finjo no percatarme.
Nunca mi cuerpo le había quedado tan bien a otro. Y lo digo así, sin calmantes, aprovechando la resaca que tengo de beberte con unos grados de más en tu piel.
Tu nombre se resume en curvas, en mis serpenteos hasta llegar a tu cintura. Tu nombre, cuatro letras que pronuncio como si hubieran sido escritas para que yo las nombrara en un poema, cuando el mejor de todos ellos es el “Sigue” que precede al arrugar de las sábanas por tus dedos.
Qué bonita tu habitación desordenada, cuando es la ropa que te acabo de quitar la que cubre el suelo.


7 mar. 2013

Poema de domingo por la noche

Esta noche se ha quedado a medias
porque faltan las tuyas tiradas
por mi habitación.
Esta noche permito que me grites,
lo que sin lugar a dudas
será nuestro pecado inconfesable.

Dile a tus clavículas
que tienen una cita conmigo,
en el mejor restaurante de esta ciudad
tejida a reojos.
Que si me tengo que colgar,
que sea de la comisura de tus labios,
cuando me agazapo un segundo antes
de hincarte el diente.

Esta noche no me faltas tú,
te hago falta yo a ti.
Que sin nosotras
la noche no sería más
que un día nublado.

Tú sabes
que somos las únicas
que se han atrevido
a beberse las estrellas,
a brillar por encima de todas ellas
sin necesidad de ser ingrávidas.

Porque las únicas herramientas
que necesito para inventarte
son los miles de poros
que rozo con los tuyos.
Y que si me tengo que equivocar,
sean tus gemidos los que acallen
mis errores.

Porque sé vivir
sin darle sentido a nada,
pero me gusta saborear
el que me das tú.

24 feb. 2013

El punto medio



He perdido el tiempo de la mejor forma que he encontrado y es conociéndote. Horas que pasan, arrastrando los pies, en esta estación que me pide a gritos que me largue.
En cambio, aquí sigo, desafiando a esta ciudad una vez más, desafinando al contar las veces que te miré a los ojos y bajando al infierno en esas ocasiones en las que no lo hice. Me quedé, me guardé, comprimida, pequeña, absoluta, en tus pupilas sedientas. Me autodestruí para recobrarme lo que me debo y caí en el hecho que tengo más cuentas pendientes con tus pestañeos y tus labios a medias, que las que tendré jamás con cualquier astro que se precie.
Tus ojos, secuaces el uno del otro, grandes sicarios que golpean fuerte los puntos débiles que te dejo ver. Son marrones y azules, en el fondo, inmersos en el tiempo, inmensos como las horas que pierdo sentada esperando el siguiente autobús.
Son tus ojos enormes, profundos como los besos que me plantas en la boca, que riegas a mordiscos y crecen, cosechando las verdades que te digo.
He de confesar que no me gusta Madrid. Al menos, sin ti no, que sus paisajes y sus callejuelas bulliciosas son más bonitas con una tú riendo en primer plano y el resto del mundo en desenfoque.
Madrid no es nada sin tu boca haciendo manitas con tu hoyuelo, sin pillarte observándome de vez en cuando. El frío que hace aquí  sería igual que en todos lados de no ser por tus abrazos y esas sábanas que, cubriéndonos, nos hacen pasar inadvertidas al resto del planeta por unas horas. Esas horas que me haces ganar.

Podría hablar del color de tus labios, granates, como la sangre que a veces se me congela con tus distancias cortas.
Podría hablar del caminar de tus dedos por el puente de mi columna, donde me confesaste que te colgarías si te dejara. Podría hablar de tus recorridos a pasos titánicos por mis delirios de éxtasis.
Podría hablar de las calles en las que estuve, contigo enfrente, rellenándome los huecos con lo mucho que me hace falta.
Podría decir que a oscuras es cuando más hago que brillen tus ojos.
Y escribo pensando en tus acentos, en tus aciertos, en tus comas y en tus puntos suspensivos.
Escribo que podría hablar de que podría hablar mucho más de ti. Y sé que confías en que algún día lo haga.
Y sé que podría hablar de atiborrarme sólo de esos bocados que les doy de vez en cuando a esos dos buenos motivos pertenecientes al conjunto de los muchos que posees que me han llevado a putearme un poco, a reírme de asesinar un tiempo que no echaré de menos porque fue mi víctima por ti.
Mataré el tiempo por ti, romperé los relojes contra tus clavículas, tus escápulas, tus costillas. Contra tu fragilidad, para que se quede parado y nunca consiga ni irme ni colgarme de ella.

Podría hablar de lo bien que le queda al cielo tenerte debajo.


Porque chica, no me gusta Madrid, con su gente hambrienta de prisa y el consumismo como un alimento más. Una Madrid ebria del vino barato de cartón de sus excesos. Una
Madrid vagabunda de secretos de amantes que buscan quererse a medias, a mitad del país.


Qué rota Madrid y qué bien la recompones. Qué punto medio tan bien elegido y qué bien nos queda.

Y qué bien le quedas a Madrid, desde luego.

19 feb. 2013

Ella y el resto



Me gusta un “ella”
Cuando lo escribo con la intención
De que sea ella quién lo lea.

Me gusta un “ella”, corto,
Como los muerdos a escondidas
Que nos dimos a kilómetros
De nuestras vidas.

Me gusta un “ella”, y el cómo suena
Cuando yo soy quién lo digo.
Ella y el resto, y el resto ojalá
fuese yo.

12 feb. 2013

Mirémonos




Mirémonos. Tú allí y yo aquí, no valemos nada. Mírate tú, tan segura de que me has olvidado que la mentira levanta la mano para protestar por tu ignorancia. Y mírame, queriéndome esconder esos dedos que me muerdo cada vez que no lo haces tú. Y mírate, queriéndome decir algo que ni tú misma te has dicho. Y mírame, remendando las costuras por dónde se me escapa la goma espuma que evita que me hagas daño. Y mírate, tú que intentas hacérmelo y no te sale. Hacerme daño, hacerme el amor y las desigualdades más incapaces de limarse que la última vez que me emborraché con tus ojos. Y no te sale, pero mírame, qué poco me ha costado darme cuenta que has clavado tu bandera en territorio inexplorado siendo la astronauta de los lunares más recónditos de mi anatomía. Y mírate, tan innecesaria que realmente te has petrificado para mí, mirándome con el sin sentido de tus ojos, tejido estelar del que me zurzo las sábanas.
No, no te necesito, pero te miro como si así fuera. No, no vales la pena, pero de nuevo vuelvo a dedicarte palabras de tallas más grandes que no te quedan bien, porque ellas son enormes y tú diminuta. Y mírame, deseando que sólo lo hagas una vez más. Y míranos, mirándonos con las nucas, buscando una excusa para girarnos y explotar. Radiactivas, tóxicas, letales. Así las mujeres que me amaron, así la mujer que he llegado a ser.

6 feb. 2013

BSO


 
Volver a mi centro. Qué tarea tan ardua la de reunirme de nuevo, cuando mis pedazos han estado solos y perdidos tanto tiempo que no se reconocen. No casan unos con otros, discuten o se quedan en silencio y jamás hablan de ellos mismos y de lo que fueron.
Podría tolerar el dolor, el rechazo, la ignorancia. Podría soportar que me quisieran a medias y lo que supone que esto ocurra. Podría soportar sentirme culpable, enfadarme o querer desaparecer.
Lo que no tolero es la ausencia de sentimientos como emoción.
El vacío. La sucesión de situaciones, momentos, polvos que se acortan, se olvidan. Lo días como otros cualquiera que antes hubieran sido los que marcan la diferencia.
Comienza el descenso. Convertirme en el arquetipo de mujer que quiere acceder a y se muestra inaccesible. Sin sentir, roce de ecos que me prenden fuego.
Cerca de todos, del lugar donde se supone que me gusta permanecer y lejos de entender qué es realmente lo que quiero.

Porque, al fin y al cabo, la vida no es más que una misma canción en bucle: cuanto más la escuchas, menos la entiendes. Tal vez sea ese mi problema. Tal vez tenga que cambiar relevancias, redirigir la mirada y cambiar el repertorio.

Porque mi mejor banda sonora es la que canto con mi voz.

31 ene. 2013

Y yo que me alegro



No me hagas mucho caso,
Pero a veces te has quedado atrancada
Entre mis manos
Mientras aplaudía cada puñalada
Cada mentira y cada engaño,
Como se aplaudía en los coliseos
A los leones hambrientos
Que devoraban armaduras
Más duras que la mía.

No me hagas mucho caso
Que hace días que permanece
Mi pulgar hacia abajo, sentenciando.
Y yo que me alegro
De que a tu recuerdo, ebrio de vacío,
Se le hayan olvidado los motivos
Para alojarse en mis adentros.

Y yo que me alegro
De que no me hagas mucho caso
Para no tener que explicarte,
A ti, luna de sal,
Que no soy yo, sino tú,
La que se ha quedado a medias
de escribir,
Pues este es el último poema
que permito que merezcas.



24 ene. 2013

Hace tiempo que no me desnudo para alguien


Hace tiempo que no me desnudo para alguien. He follado, he hecho el amor y he vendido mis besos rebajados alguna que otra noche. Pero se queda en eso, en saliva, en coqueteo de bisutería barata, en sonrisas que no se vuelven a ver.
Cuando digo que hace tiempo que no me desnudo para alguien, no me estoy quejando. Follar viene bien de vez en cuando, desesperar, que te arranquen la piel; apresar y ser apresada y un hasta luego que huele aún reciente a sábanas removidas. No busco más que eso, guarecerme de vez en cuando bajo el nombre de alguien que acabo de conocer o, tal vez, que no terminaré de conocer nunca.
Sin embargo, hoy me ha asaltado esa frase o, mejor dicho, ese hecho. Qué fácil es quitarse capas de ropa y quedarte con todas las de la piel, esa coraza que evita que cualquiera ponga un dedo con sus ojos sobre mi alma polvorienta y resentida, que evita que cualquiera pueda juzgar el porqué me duele una cosa u otra.
Hace tiempo que no sangro en público, que a escondidas me hago transfusiones de lo que pienso yo que son mis sueños. Y me recluyo, en madrugadas que pasan como cometas, haciendo que mi pena se vaya quedando en los huesos, haciendo tintinear esas copas que nos bebimos después de brindarnos un “hola”, un gemido y un “adiós”.
Y lo que duele me empapela por dentro, sin dejarme expirar las cuatro palabras mal dichas que me debo a veces, las cuatro lágrimas que, tímidamente, se atreven a asomar entre mis pestañas y a la mínima intención de caer, corren dentro a cobijarse bajo los párpados. 
Estoy cansada de decirle a mis lágrimas que no caminen descalzas, que luego se resfrían y no hay quién las convenza de que no les pasará nada si de vez en cuando utilizan el puente de mi nariz como tobogán. Pero hace tanto tiempo que dejaron de ser niñas que ahora sólo salen cuando cuentan un buen chiste o cuando sobrepaso mis límites de porros.

Hace días que llevo abriendo esa puerta, esa que cerré con llave y en la que colgué el cartel de “cuarto de la limpieza” para que nadie reparara en ella. Esa puerta que guarda el hueco VIP, pequeñito y rebuscado de mi corazón, cubierto de telarañas y carteles de no entrar, que reservo a alguien valiente que desafíe mis deseos de que no entre nadie.
Y hace días que, abriendo esa puerta, te he encontrado detrás de ella, conviviendo con mis inquietudes, mis quejidos de casa antigua y los coyotes hambrientos que suspiran por alcanzar tu cuello. Sé que te has perdido y por eso te pregunto:
-¿Qué haces aquí?
Y tú, mirándome con tus ojos planetarios, me susurras:
-No hagas ruido. Noemí no sabe que me he colado aquí.
-¿Y por qué te has colado?
-Porque me había llevado a un sitio horrible, ese sitio donde mueren los amores que no llegan a serlo.
-Algo le habrás hecho, ¿no crees?
Y tú, me observas sin perder detalle, como siempre haces con todo y me dices:
-He forzado la cerradura con promesas y palabras bonitas.
 -Ahí lo tienes. Será mejor que salgas de aquí antes de que te encuentre.
-¿Por qué?
-Porque si te encuentra aquí, no tendrá fuerzas para echarte.


Hace tiempo que no me desnudo para alguien. Dejar caer la ropa, como guerreros eternos que se vencen al éxtasis, es el significado más fácil de los que tiene la palabra “desnudarse” y al que nunca le hago ascos. Sin embargo, cuando hablamos de desabrochar el sujetador o bajar las bragas a mis quebraderos de cabeza, es mi voz la que se quiebra sin decir palabras, tan sólo onomatopeyas que deben ser agradables de escuchar desde unos oídos y unas manos que se creen capaces de hacerme unos largos.
Dejarme ver por alguien que no va a entender ni una nimiedad de mí, que tal vez intente cambiarlo, decorarme a su gusto, sin valorar el esfuerzo que me supone dejar en cueros a mis asperezas, temblando de frío porque nadie las lima. Porque nadie se preocupa por cuidarlas y que no se conviertan en grietas.
Ha pasado tiempo desde la última vez que me desnudé para alguien porque la última vez que dejé de lamerme las heridas creyendo que iban a ser otras papilas gustativas las que me iban a sanar, acabé zurciéndomelas con hilo temporal de ese que no se recupera. Ese ovillo gris de tiempo que te entregan cuando naces y que año tras año los de tu alrededor te repiten que no lo malgastes por lo que no vale la pena, porque no tienes más que ese poco. Y tú lo guardas, lo reservas y lo mimas todos los días, creyendo que lo utilizarás para remendarte alguna sonrisa mal llevada, la muerte de tus padres o algo que valga verdaderamente la pena empeñar un poco de esa riqueza que tenemos todos. En cambio, malgastas la mitad en la primera morena de mirada furtiva que te obliga a replantearte cada poro por el que respiras. Y si no esa chica, será otra, y con el tiempo los goznes de la puerta de ese “cuarto de la limpieza” se oxidarán más y más hasta que ni la persona más preparada, valiente e invencible pueda moverla y te mirará, y en ese momento te encogerás de hombros.
 “Qué iba a saber yo que el tiempo es oro y que, por su ausencia, vagabundeo por las calles bebiendo de los cartones de la lotería que nunca me tocó”.

Siempre me arriesgo, siempre cometo los mismos errores, los mismos puntos suspensivos, que se llevan por encima, como hormigas, mis silencios.
Por eso decido cerrar por vacaciones la ciudadela de mí misma. Sin más tours ni más fiestas nacionales, en la que la única música es la fricción de mi cuerpo con algún otro.
Por una vez, tan sólo una vez, quiero que alguien se desnude delante de mí, que me borde con soltura esas cicatrices que me afean utilizando parte de su ovillo.
Por una vez, tan sólo una vez, quiero utilizar parte de mi hilo para coser las heridas ajenas de alguien, que desnudo, me haya facilitado sus coordenadas exactas. 
Por una vez, quisiera ser desnudada por alguien al que no le importe desnudarse primero.



17 ene. 2013

Estás de paso


Te has quedado conmigo. Lo reconozco. Soy tuya. Has ganado esta guerra de desencuentros, irradiándome con tus labios de alquitrán de los que es difícil desprenderse. Has ganado el pulso al cosmos que suponía para mí seguir adelante, has venido abajo mi castillo de naipes a suspiros de más. Has ganado los trozos de mi corazón que permanecían sanos, los has intentado pegar y se han adherido a tus manos, procrastinando el momento en el que dejes de ser sólo una idea para pasar al hecatombe, a derrochar todo el miedo y que sólo queden las ganas que te tengo.
Has ganado el tour de tu vista de sombras por mi interior reducido a ruina y frío. Has intentado calarme los huesos a caladas largas de incertidumbre y contacto etéreo.
Has ganado ser reconocida por cada uno de mis poros y ahora cada órgano y recoveco de mi cuerpo quiere conocerte.
Te has vuelto tan célebre que mis pestañeos votan las mentiras que me dices como si fuera la verdad que me gustaría que fuera.
Me has ganado tanto, y tantas veces, que se me ha desprendido el apetito de merendarme todo en lo que has desembocado y ahora no puedo deshacerme de ti. Te meces dentro, utilizándome, obligando a hacerme cargo de ti en los momentos en los que te da por no salir de mi cabeza. Y empiezo a entrar en bancarrota y a verme obligada también a exigirte un alquiler. Y ahora intentas, con el autostop de tus pupilas inmensas, cruzar la frontera, el límite, grabarte a bisturí al abrirme en canal y quedarte a vivir en los ventrículos que de vez en cuando se contraen por ti.  Y pienso cobrarte un peaje considerable por haberme tomado como una copa más, alegando que fui de las que pican la garganta, y sin embargo no haberme descorchado del todo. Un peaje elevado para que no te sea fácil invadir y colonizar a metástasis mi corazón hecho jirones.
Has ganado, tal vez que te tocara más de lo debido, que me recubriera por dentro de ti, tapando las goteras que me arruinaban y que intentaba tapar a cómodos plazos.
Y a cómodos plazos me pagas tú lo que fuimos, porque fuimos algo grande, lo sabes y no te quieres quedar con él.
Porque que me hayas ganado esta vez conlleva perderme todas la veces siguientes.
Porque contigo no voy a cruzar la línea, y lo digo ahora, pisándola y cuando todavía no eres nada.
Recoge tus cosas y haz las maletas.
Y a pesar de todo, no quiero olvidarte, tan sólo cambiarte de lugar en la memoria, dónde que me importes o no ya no sea cosa mía. 

13 ene. 2013

El rodaje y su traspiés


Fue un abrazo, de menta, de sol, de regaliz. Fue un abrazo frío de refrescante, un abrazo como ponerse un abrigo nuevo después del verano. Fue abrazarla lo que me hizo quedarme. Fue su abrazo lo que me hizo irme.
Comencé escapándome a veces de mi realidad torpe y desgarbada para poder dedicarme un poco de insomnio a mí, colocando celo donde se iban desmoronando las metas y malgastando un poco de tiempo observándote dentro de mi cabeza.
Nuestra burbuja, un agujero espacio-tiempo que se ha parado por completo, que retrocede y acelera como un buen beso, ese que no te di. Que te debo, como esa aguja que explotaría la pompa de nuestros excesos, de tus excesos conmigo y yo de excederme a dejártelos cometer.
Sigue desanudándome, desnudándome, desinhibiéndome, desnutriéndome el tiempo, alimentando las horas de su día con el aire de los abrazos que no me diste, que no fueron ni serán nunca como pensábamos que iban a ser.



11 ene. 2013

Lo que no llega




No es ella, no soy tú.
No son las horas que me paso
Soñando que sueñas tú un poco conmigo.

Yo te quise, te quise y empecé haciéndolo
Cuando ni si quiera sabía
Que el cómo tú me miras
podía llegar a existir.

Te quise y te estoy dejando echar a perder,
Volví a acabar, ludópata, manca y coja
De poner más de una vez
Alguna extremidad al fuego.

Y se consumen, como los pocos besos
Que me quedan, tuyos, en el congelador.

Y te quise, como se quieren las causas perdidas,
Antes de saber que lo son.

Y te quise, como no se quiere
Lo que todavía no ha llegado a ser amor. 



9 ene. 2013

En automático

En qué momento dejé de remontar el vuelo, haciendo los ecos más comunes, más costumbres. Qué es lo que estoy haciendo tan mal como para que nadie se quede el tiempo suficiente para sacarme brillo. Dímelo tú, Noemí, dímelo tú, que metes en remojo de vez en cuando lo que duele para que se ablande un poco y golpeé con menos fuerza. Y amortigüe los nudillos de esos besos escuetos que como puños te hacen replantearte si de verdad es así cómo quieres que sea siempre todo.
Vivir en automático.
Vivir en pechos que te estallan como una bomba nuclear, desparramando por todos lados los motivos que creías que te iban a servir como billete sólo de ida, volviéndolos radiactivos, convirtiéndote en la chica tóxica que siempre has sido, al fin y al cabo.
Volví a mi centro, como un péndulo que se balancea en su gravedad chocando con los bordes de mis desencuentros, bajando el ritmo hasta no ser interrumpido por ningún agente externo. Y ahí apareció tu dedo, golpeándolo de nuevo, haciendo vibrar la cuerda tensada de la que cuelga mi cabeza. Y ahí estoy, tú que lo sabes, tú que te vistes mejor cuando estás segura de que voy a visitarte en sueños, estoy balanceándome, volteándome, emitiendo mi ruido para que vengas y te quedes a escuchar.



6 ene. 2013

El trato


“No vale quererse” me dijo, bajo las sábanas. “Es un trato y hay que sellarlo” y se acercó a mí para hacerlo tangible con el peso de su beso. Y dije “No, no quiero prometer lo que no cumpliré.” Y cayó el valor en las redes de un silencio que aplastó los jardines de vistazos y reojos. Y dije “No quiero prometer lo que no estoy cumpliendo”.
Y me besó y dijo que lo cumpliría. Y me callé, y, conmigo, mis ojos se cerraron al abrazarla.

Qué fácil, dejarlo todo en un te quiero a medio hacer, que si se saca antes de tiempo acaba crudo e incomible.
Que difícil decirle que los besos que no quiero dar no son válidos para cerrar tratos.
Y ella no lo sabe, que sigo en la transición entre mi equilibrio y ponerme la cabeza en los pies y meterla por la escuadra.

2 ene. 2013

Las cosas claras y el chocolate sin azúcar



Dije que me gustaban tus ojos un día. Pero ahora me gustan a todas horas. Dije que me gustaban tus ojos y todavía no los he probado, no los he rozado con los míos ni un poco.
Dije que eran enormes puntos de inflexión que me desajustan las esquinas de mis sonrisas cortesanas. Dije, dije que eras preciosa, que para que mirar el cielo si te tengo a ti aquí abajo.
Dije que me intercambiabas pestañeos cada vez que sueño un poco que me miras diferente. Quiero ser esa mirada que me eches encima que marque la diferencia.
Porque he dicho de ti a todo el mundo que ni si quiera te conozco, que sé lo que te duele y como curarlo y que dije que podría hacerlo si te dejas. Dije que podría sacarte de cualquier sitio donde no quisieras estar.
Te dedico estas palabras, tú que me desconoces, tú que me hablas a los ojos que aún no te han comido del todo, tú que quieres que te sonría un poco más cerca esta vez. Te dedico estas palabras porque sé que te mereces leerlas y por eso te las doy, sin pedirte nada a cambio.
Porque dije, digo y diré todo lo que haces que piense sobre ti y no servirá de nada. Porque lo que diga se queda en el aire, se vende a las inhalaciones de otros pulmones que no son los tuyos y no sirven. Quiero que compres cada una de ellas y te la tatúes a la espalda, quiero hacerte renacer de esas cenizas donde te fumaron.
Quiero enmudecerte la voz con los mismos dedos con los que te haré gritar.
Quiero que mis palabras, lo que te digo y lo que no, sean los escalofríos que hagan que me abraces, que me beses, que te deshagas, que de ti no queden más que las ganas de reinventarte.

De relatarnos, de grabar la película de tus duelos de espadas de juguete que no hacen daño. De ti y de mí, de temblar.

Dije que no hablaría demasiado de ti, que no escribiría sobre cuánto me gustan tus ojos, esos que me gustarían más si me pudieran mirar ahora.
Dije que no escribiría sobre ti, porque escribir sobre alguien, para mí, es convertirlo más que en unas pocas sonrisas y palabras bonitas. Es cambiar el punto de sitio, es no ponerle un final o un límite. Es, tal vez, errar. Equivocarme.
No quiero ser otra de esas chicas que se equivocan contigo. No quiero que seas otra de esas chicas que me prenden fuego.
No quiero decir que dije que te quedarías en chispas sin provocarme un incendio.
Quiero seguir escuchando tu ruido de lejos, sin quedarme sorda. Quiero… ¿Por qué hablar de lo que quiero? Puede que te quiera a ti y por eso mismo no quiero saberlo.
Y por eso mismo no escribo sobre ti, y por eso mismo me callo, me muerdo el labio y espero que no me pidas que me desnude esta vez porque verías lo que no quiero ver yo.
No quiero echar a perder nuestro rodaje antes de que apenas se haya estrenado la primera parte de la película. Y lo echaré a perder, a ganar, lo echaré a suertes a pesar de que no me quedan más extremidades que apostar. Apostaré mis ojos a mantenerlos cerrados cuando acabes y asomen los créditos sin mi nombre en ellos.