26 dic. 2012

Noches a secas





Siempre se quiere más de noche, nos confundimos más, nos reinventamos con luces tenues. La noche, cobijando nuestros sueños bajo su techo de cristal, nos hace alados, difusos, vidriosos. Nos ahoga a veces, generando su energía sideral desde nuestros insomnios.
Siempre nos referimos a la noche para hablar de sexo, de desacuerdos con la almohada, de besos que caducan a la salida del sol, de revolvernos a encontrarnos y resolvernos los despechos. Noches universales, universos nocturnos. Viven en ella nuestros huecos y la oscuridad que nos dejamos a medias, las sobras del día que devoramos a la noche, recovecos donde guardo cada uno de mis placeres oníricos del palpitar de lo que fueron entonces mis te quiero gastados.
Qué sería de mí sin ti, sin tu carencia de luz que ilumina mis invenciones desde el bohemio pensamiento. Qué sería de mí sin ti, que me replanteas los planos de mis adentros, me reconfiguras el aspecto, me hablas de amores, pasajeros de aviones que sobrevuelan mis delirios de pestañas caídas.
Casi todo mi arte se lo debo a las noches sin aliento. Casi todo lo que soy se lo debo al anochecerme demasiado, a contarme los descosidos y pesarme en gramos. Chica de latón busca corazón de león con la valentía de ser lógica. Las noches nos vuelven impersonales, sólo el suspiro de un roce de mejilla mal encajado. Y es cuando se me acaban las reservas de miradas penetrantes, cuando no profundizo demasiado en la boca de corazones inmensos como las hectáreas del aire.
Noches solas que se venden a gatos callejeros, noches prostitutas, vendándote los ojos, vistiéndote con luces de neón, pervirtiendo tus caídas en camas equivocadas. Noches que remueven sábanas, a veces por pesadillas, a veces por besos a quema-ropa. Noches para fumigar las erratas de la razón, que sigue leyendo mal los letreros de carreras de medias que aún escuecen transitar. La arena de Morfeo no es más que la cocaína de los soñadores.

Guardamos nuestra nocturnidad en arcenes mal iluminados, en hablar bajito para no despertar las dudas mientras conversamos con nuestras inquietudes.
Porque hay que ser elegante para dormir poco sin volverte loco, sin caer a los pies de la magia del “puede pasar de todo”. De dedicarle pestañeos innecesarios a labios que besan otras bocas. Porque tus ojos y los de cualquiera son mis estrellas esta noche.
Porque las mejores cosas suceden cuando estamos dormidos. O cuando nos damos cuenta de que ya no podemos despertar.

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