14 dic. 2012

En un lugar llamado "mi cabeza"


 Tú eres la droga que consumen y trafican mis ciudadanos.


Boom. Así es como consigues darte la vuelta cuando faltan motivos para seguir por donde vas. Te explota la razón en la cara, la verdad como un globo lleno de pintura, que te mancha y al secarse cuesta muchísimo de que salte a la primera.
Tú eras esa droga que consumí en la fiesta que supuso conocerte. Y me enganché y parecía de verdad. Intoxicación de palabras, ideas y de caricias que no hacían falta, que sólo sirvieron para que no me fuera. Y todavía no lo he hecho del todo pero me queda poquísimo para decir que se acabó. Y soy de las que cuando lo dicen, queman hectáreas de “lo siento”.
Me dejé llevar tanto, me pegué tanto a tu luz que acabé desintegrando mi retina en aspavientos innecesarios, en cosas “de más” y dejé de pertenecer a.
No quiero atarme a un sentimiento que ni si quiera ha nacido del todo, que sigue pataleando en mi cabeza, queriendo salir, queriendo que lo entiendas.
Y ahora he comprendido que no necesito que lo hagas porque si vivo es por mí y si siento, siempre es para mejor, no para que acaben mis noches desabridas.
Con el apagón de luz de las palabras de tu boca, se me ha desajustado el tiempo y las cosas que tenía guardadas para ti en mi nevera, han caducado. Porque compré miradas, besos y palabras de más. Porque a pesar de haber más, siempre hubo insuficiencia.
Porque me hice perderme, me hice creer que la verdad era cada palabra que decías. Y por creer, me faltan días que me ha quitado tu insomnio.
Porque vendería todo lo que tengo por lo poco que me dura un sueño y así me va, empequeñeciéndome por momentos. Porque igual que por cada bocado que te doy, me agrando como Alicia, por cada bocado que me quitas me hago más pequeña. Y yo, todavía, no he querido darte ese poder ni sé si llegaré a hacerlo.

Prometimos hacernos daño un poco más tarde, cuando el resto de sentimientos fueran capaces de curarnos. Y antes de curarme de una herida, dejo que me abras tú otra. Tu voz bastaba para sanarme hasta que las cosas se complican con flores y bombones.
Buscaba estar bien y contigo, querida, no tengo nada de eso. Has dejado de alimentar mis ganas de quedarme, has dejado de curar mis mariposas heridas para mandarlas a una guerra de altibajos. Y no lo aguanto. No aguanto mirar mis pies y ver tu sombra tapándolos.

Tú por tu lado, yo en mis nubes. Y si me buscas, encuentra la manera de hacerme volar más bajo. Porque he vuelto, pisando con fuerza esa sombra que me hacía dejar de ser yo.
Hace tiempo que dije que nada me haría salirme de la frontera que tracé en el suelo entre mis relevancias y el resto. Y no voy a empezar a fallarme ahora.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La soledad sienta bien cuando se trata de hacernos promesas. Sin embargo, al toparnos de frente con la dimensión a la que nos envía una simple palabra de la otra persona, es cuando todas nuestras pretensiones se derrumban y las fronteras se desdibujan. Nadie nos hace tocar el cielo tan fuerte como quien nos envía directamente al subsuelo.

Te deseo suerte pa' que no acabes fallándote.

Anónimo dijo...

Suelo leerme tus entradas y pf, me encanta como escribes :)

Alice dijo...

Acabo de descubrir algo maravilloso, que magia para escribir.