29 dic. 2012

Tu ruido




¿Cuánto tiempo hace que te dejé entrar? O al menos, dejar que miraras de puntillas por encima de las ventanas que me abro a veces para escapar.
Por qué tan dulce y aterciopelada me pareces siempre, por qué atenta me mantienes a cada palabra que te dejas decir, por qué quiero saber más cuánto menos distancia me apetece que haya entre nosotras.
Me han dolido tantas cosas, me han desabotonado tan mal las camisas de esta, mi armadura. Me han desnudado tantas veces sólo para dejarme así, mientras cae la lluvia de alfileres. Me has caído tú del cielo, encima, haciéndome pequeñita y tratándome como si fuera grande.
Las palabras no son suficientes para describir lo que son tus lunares. Tal vez sólo he visto dos o tres en fotografías que dejas por ahí, pero conforme me voy imaginando los demás me imagino como debe de ser recorrerte. Saberme tus trecientos cincuenta y cuatro escalones y tropezar con todos ellos. Admirar el color de tus paredes y el color granate de tus descosidos. Ay, si me dejaras ser algo más que una desconocida de palabras de algodón. Te atravesaría, te haría que mirarme fuera lo que más te gusta hacer. Ay, si se pudieran hacer amaneceres con tu ruido, desayunarte los quejidos que te marcas y me cuentas mientras me invitas a tu azotea. Y qué irónico, tan lejos y sentirte tan de cerca a veces, casi contándome tus duelos al oído.
Que se me ha convertido en dogma creerme más que las palabras que te digo. Qué bonita, qué preciosa, qué rota y qué bien te queda. Eres ese puzzle que me recompone a mí.
A veces pienso que me he dejado la libertad en tu acento, en tu risa y en tu idiotez. La libertad en tus “cosillas” que me hacen polvo a mí. Y cómo me gusta. Sigue así. Ojala un día nos hagamos polvo, de las estrellas que se quedan en tus ojos.

Qué grandes, qué esquivos ellos.

Ay, si apenas puedo decir algo sin pecar de no conocerte tanto.

26 dic. 2012

Noches a secas





Siempre se quiere más de noche, nos confundimos más, nos reinventamos con luces tenues. La noche, cobijando nuestros sueños bajo su techo de cristal, nos hace alados, difusos, vidriosos. Nos ahoga a veces, generando su energía sideral desde nuestros insomnios.
Siempre nos referimos a la noche para hablar de sexo, de desacuerdos con la almohada, de besos que caducan a la salida del sol, de revolvernos a encontrarnos y resolvernos los despechos. Noches universales, universos nocturnos. Viven en ella nuestros huecos y la oscuridad que nos dejamos a medias, las sobras del día que devoramos a la noche, recovecos donde guardo cada uno de mis placeres oníricos del palpitar de lo que fueron entonces mis te quiero gastados.
Qué sería de mí sin ti, sin tu carencia de luz que ilumina mis invenciones desde el bohemio pensamiento. Qué sería de mí sin ti, que me replanteas los planos de mis adentros, me reconfiguras el aspecto, me hablas de amores, pasajeros de aviones que sobrevuelan mis delirios de pestañas caídas.
Casi todo mi arte se lo debo a las noches sin aliento. Casi todo lo que soy se lo debo al anochecerme demasiado, a contarme los descosidos y pesarme en gramos. Chica de latón busca corazón de león con la valentía de ser lógica. Las noches nos vuelven impersonales, sólo el suspiro de un roce de mejilla mal encajado. Y es cuando se me acaban las reservas de miradas penetrantes, cuando no profundizo demasiado en la boca de corazones inmensos como las hectáreas del aire.
Noches solas que se venden a gatos callejeros, noches prostitutas, vendándote los ojos, vistiéndote con luces de neón, pervirtiendo tus caídas en camas equivocadas. Noches que remueven sábanas, a veces por pesadillas, a veces por besos a quema-ropa. Noches para fumigar las erratas de la razón, que sigue leyendo mal los letreros de carreras de medias que aún escuecen transitar. La arena de Morfeo no es más que la cocaína de los soñadores.

Guardamos nuestra nocturnidad en arcenes mal iluminados, en hablar bajito para no despertar las dudas mientras conversamos con nuestras inquietudes.
Porque hay que ser elegante para dormir poco sin volverte loco, sin caer a los pies de la magia del “puede pasar de todo”. De dedicarle pestañeos innecesarios a labios que besan otras bocas. Porque tus ojos y los de cualquiera son mis estrellas esta noche.
Porque las mejores cosas suceden cuando estamos dormidos. O cuando nos damos cuenta de que ya no podemos despertar.

24 dic. 2012

Las chicas como tú




Las chicas como tú son unas zorras. O tal vez debería decir que las zorras como tú son esa clase de chicas. Las que me gustan, las que se pegan a mí, como el olor a tabaco de los pubs. Siempre me han atraído las chicas malas, las que escuecen, esas que no esperan demasiado a ver cómo cicatrizas sin verte sangrar otra vez. Lo reconozco. Tener ese poder, ese dominio, es divertido, sube la autoestima porque… ¿por qué si no iban a ser cómo son?
Mi error recae en creer que no eras una de esas chicas, que esta vez había encontrado la chica-excepción que confirma la regla. Creía que por fin había aprendido a mirar mejor en los ojos de la gente, a no tragármelo todo pero otra vez me he pegado el atracón, he enfermado de inocencia, de ingenua. No me curaré. Siempre acabaré obligándome a sonreír después de que gente tan patética como tú intente prender fuego mis sueños. Pero son pequeñas ave fénix que de sus cenizas renacen aspiraciones nuevas.
Creo que eres tú la que se ha equivocado conmigo y me reiré de ti cuando tu cerebro asimile lo que perdiste la semana pasada por no tener ni puta idea de verme. Pero no sólo de verme a mí. No eres capaz de ver a nadie, no te sabes ni ver a ti.
Y eso lo sabes, sabes que estás perdida y no te encuentras porque simplemente no sabes cómo o porque ni si quiera sabes lo que significa.

Uno de los motivos por los que sé que soy una buena persona, es el hecho de que tú aparecieras, me hirieras y te fueras. Que yo haya seguido ahí, escuchando tus mentiras, tus excusas de garrafón y tus promesas como perlas de bisutería barata, entendiéndote, creyendo que hacía bien teniendo paciencia. Hasta me creí culpable de tus delirios de grandeza, ese pijama de los domingos que te pones que hasta prefiero el vestido de putón de los viernes. Porque de putón estás más guapa y te engañas menos.
Uno de los motivos por los que sé que soy buena persona es porque te pegaste a mí y uno de los motivos por los que sé que eres una zorra es porque me gustabas.
Porque las zorras como tú, son las chicas que me gustan.

19 dic. 2012

Se acabó.

17 dic. 2012

El mundo de lo absurdo




Deja de arrastrar las palabras igual que los pies. Creo que me he cansado de ese andar tuyo como si sólo fueras tú capaz de hacer temblar el suelo que pisas. Nadie nunca me dijo que sería tan fácil quererte a medias, dejarlo en el tintero, que caiga, que de igual. Nadie nos dijo que fuera a ser tan difícil cambiar el audio a esta película tan mal doblada, dónde tu voz se queda a medias siempre diciéndome las mentiras.
Y el tintero cae y lo mancha todo de tus verdades de aire y cartón. Desborda los tejidos casi secos de este “te quiero porque sí”, como si se hiciera eterno el segundo en el que lo dejas. Porque si quise saber de ti, de tus buenas y tus noches, sólo me he llevado las noches con la luz de emergencia en los sueños, que no me dejas tener.
No crecen, no llueven ya, a penas se escucha el eco de lo que fuiste. Se agotan las razones, se desanudan los motivos, bostezan aburridas las palabras con el mismo inconformismo, se envenenan los actos con temor, se ven los besos translúcidos, inherentes al desgaste, se ven los abrazos cogidos con pinzas en el aire, temblando de frío, enfermos. Y no son más que las cuentas que nos debemos, de contarnos historias por si acaso, de pisarnos de vez en cuando y al final desnuda de ganas, te ves en números rojos. Carmín de los labios estúpidos de alguna que otra ilusión que te vas añadiendo a la lista.

Lo peor no es ser imperfecto, a veces hasta está bien serlo, la gente te admira. Lo peor es que te digan que eres perfecta, que juren que no te dejarán esperar ningún tren que no sea el de sus pasos y que aún así, prefieran venderse al primer postor que apuesta un poco tan sólo de novedad al cuento. ¡Nos hemos contado tantos!
Sobre todo siempre venías con el mismo de “soy quién no crees que soy, pero te sigo el juego”, asomando la patita debajo de la puerta para que entrara en tu tablero. Y pienso con bastante regularidad que el buen rato que pasamos, la mayoría lo puse yo y lo echarás de menos. O eso me digo, porque dudo que alguien se haya dado cuenta de lo mucho que parece que te mereces, lo poco que te ofrecen y mínimamente reconocibles que haces a las personas que te dan lo que quieres probar. Y has acabado por no merecer llegar al café de después, que casi nunca hace su aparición para nadie. Nadie es suficiente el tiempo necesario como para crear en otra persona el sentimiento del “me quedo porque eres tú”. Siempre se quiere más y nunca se está satisfecho. Y siempre se busca menos de lo mucho que acabamos encontrando. Supongo que lo último te toca a ti asimilarlo, decirte los engaños un poco más de frente.
Que dicen que se aprende con los daños y no con los años, y yo pienso que cada año nos engañamos más y nos hacemos menos caso. Y acabamos a oscuras por no hablar con nosotros un poco más de lo que hablamos de nosotros.
Se nos va la fuerza por la boca, la boca por los polvos que echamos sin mirar casi la cara del otro y el otro se va y le va bien.
Qué cuentos nos hemos tarareado con las manos tantas veces. “Que viene el lobo”, me dije yo misma y ni la oí. Demasiado ocupada estaba creyéndome cobarde cuando a la que le falta valor es a ti.
Y así de crudo suena a veces, cuando me cansas. De ejercitar tanto el corazón en subidas y bajadas, de acabar con menos de lo que empezaste, como si empezaras de cero en un cronómetro de cuyo botón pulsaste demasiado rápido y ahora toca retroceder.

Y no hay vestidos que ponerse para ir a ningún baile, porque siempre pensé que con vaqueros se iba bien hasta al infierno. Y las brujas son mejores a veces que las princesas de promesas yermas de interés por cumplirlas, que ni te regalan la manzana, le ponen precio y a veces ese precio eres tú mismo.
Y les compones canciones para que desde esa alta torre dónde se creen divas, tiren abajo su cabello y lo que acaba viniéndose abajo es la autoestima, la dignidad, las lágrimas, que si no por fuera, por dentro del esternón.
Los cuentos de hadas, esos dónde la caperuza roja no es otra cosa que una máscara que llama la atención para luego ser todo lo contrario. Cuentos que se marcan en la pared de hormigón que te acabas por empezar a hacer alrededor.

Porque el mundo, tú que me lees, has de saber que el mundo está perdiendo la guerra del absurdo. La gente se rinde fácil al primer polvo negado, se fuma lo que le apetece de ti y abandona, se creen fuertes los gusanos que siguen siendo gusanos y mueren los invencibles por el peso de la estupidez.

Estúpida yo por pensar que eras diferente. Estúpida yo por inmiscuirme en el mundo de lo absurdo. Estúpida yo por seguir pensando que hay una mínima cosa que merece la pena en ti. Estúpida yo por casi todo pero sobre todo, estúpida tú por dejar escapar a esta chica invencible rindiéndose a tu estupidez.

14 dic. 2012

En un lugar llamado "mi cabeza"


 Tú eres la droga que consumen y trafican mis ciudadanos.


Boom. Así es como consigues darte la vuelta cuando faltan motivos para seguir por donde vas. Te explota la razón en la cara, la verdad como un globo lleno de pintura, que te mancha y al secarse cuesta muchísimo de que salte a la primera.
Tú eras esa droga que consumí en la fiesta que supuso conocerte. Y me enganché y parecía de verdad. Intoxicación de palabras, ideas y de caricias que no hacían falta, que sólo sirvieron para que no me fuera. Y todavía no lo he hecho del todo pero me queda poquísimo para decir que se acabó. Y soy de las que cuando lo dicen, queman hectáreas de “lo siento”.
Me dejé llevar tanto, me pegué tanto a tu luz que acabé desintegrando mi retina en aspavientos innecesarios, en cosas “de más” y dejé de pertenecer a.
No quiero atarme a un sentimiento que ni si quiera ha nacido del todo, que sigue pataleando en mi cabeza, queriendo salir, queriendo que lo entiendas.
Y ahora he comprendido que no necesito que lo hagas porque si vivo es por mí y si siento, siempre es para mejor, no para que acaben mis noches desabridas.
Con el apagón de luz de las palabras de tu boca, se me ha desajustado el tiempo y las cosas que tenía guardadas para ti en mi nevera, han caducado. Porque compré miradas, besos y palabras de más. Porque a pesar de haber más, siempre hubo insuficiencia.
Porque me hice perderme, me hice creer que la verdad era cada palabra que decías. Y por creer, me faltan días que me ha quitado tu insomnio.
Porque vendería todo lo que tengo por lo poco que me dura un sueño y así me va, empequeñeciéndome por momentos. Porque igual que por cada bocado que te doy, me agrando como Alicia, por cada bocado que me quitas me hago más pequeña. Y yo, todavía, no he querido darte ese poder ni sé si llegaré a hacerlo.

Prometimos hacernos daño un poco más tarde, cuando el resto de sentimientos fueran capaces de curarnos. Y antes de curarme de una herida, dejo que me abras tú otra. Tu voz bastaba para sanarme hasta que las cosas se complican con flores y bombones.
Buscaba estar bien y contigo, querida, no tengo nada de eso. Has dejado de alimentar mis ganas de quedarme, has dejado de curar mis mariposas heridas para mandarlas a una guerra de altibajos. Y no lo aguanto. No aguanto mirar mis pies y ver tu sombra tapándolos.

Tú por tu lado, yo en mis nubes. Y si me buscas, encuentra la manera de hacerme volar más bajo. Porque he vuelto, pisando con fuerza esa sombra que me hacía dejar de ser yo.
Hace tiempo que dije que nada me haría salirme de la frontera que tracé en el suelo entre mis relevancias y el resto. Y no voy a empezar a fallarme ahora.