28 oct. 2012

Valentía del insomnio



Tal vez escondiera las palabras tras el amanecer, pintando sus caderas con escalofríos, negando que podría desayunarse las voces que retumban en su vacío.

Si tan sólo se diera la vuelta se daría cuenta que el mundo está hecho para creernos libres.
Si tan sólo dejara de mirar su reflejo en cada par de escaparates que le recuerdan sus finales. Que su vida no es un cuentecillo de Shakespeare, para entretener a ese público que aplaude sin saber de la trama que tejen sus palabras de aguja. Y ella se sigue creyendo cada despertar como un "sigues viva", que no se alimenta de las luces bohemias de calles sin tránsito. Que cada palabra que suelta, anuda hasta el tope las corbatas de cada una de las personas que intentan darle un aprecio. Sin embargo, ella no deja que sea otra, no mejora ni se demora, ni es sutil, ni lo esconde, simplemente le pone mute a sus dolores y le da al reset cada vez que termina un día mal llevado.
Y no traga la saliva que no gasta en palabras inútiles. Ya no necesita un respiro, porque lo hace continuamente. Y abre la nevera, y la inseguridad sigue ahí, sin caducar.

Quizás el secreto esté en cada aleteo de pestañas en un autobús, en cada cerrar de ojos en un abrazo. Tal vez pudiera nutrirse de sus sueños por vía intravenosa, para que hicieran más efecto. Pero cada vez los ve más por encima de personas que acaban de llegar, como si hubieran llegado empapados, atravesando las sucias calles disecadas bajo una sábana de lluvia inesperada. Ella lagrimea un poco y piensa en razones por las que el cariño le escuece tanto al recibirlo que casi no se deja. Y recuerda sus ojos, y los mira siempre que puede, y se encuentra otro escaparate dónde reflejarse. Pero esta vez es cálido, como cada parte de sus soles. Y ella piensa que parece como si esa persona brillara sólo para ella y se jura mantenerla siempre por encima del cielo.


Tal vez la vida no la entienda en su existencia, quizás no deba correr el riesgo de llenarse con soles apagados y universos de fracaso. Pero parece todo tan fácil últimamente que sólo nota los latidos que mueren en cada andén que pisó... Latidos de cristal con miedo a quebrantar esos escaparates que la observan, esas sonrisas que ve a través de vidrieras, esas bocas, esos dientes, los labios que la están haciendo fibrilar.

Ve sus sombras, ve sus fantasmas alejarse con las palabras guardadas en cajas de mudanza. Porque donde tenían lugar ahora sólo caben sus risas y preciosos aspectos expuestos a través de esos escaparates que la llenan de sustos. Y sonríe con ellos y acaba sacándoles brillo Y los sustos, los sustos sólo son motivos para seguir siendo valiente.

Y anochecía sus ojos y amanecía a su lado. Y se devoraban al atardecer siempre que podían.




Y esa es la historia que comienzo a escribir últimamente, esperando que siempre comience diferente y nunca acabe de la misma forma.

19 oct. 2012

Fast love

Tus labios, ese chapuzón que me doy cada mañana. Tus ojos, ese espejo donde peino mi pelo enmarañado. Tu voz, son buenas noticias. Tu olor, chocolate caliente en invierno.

Tú, ahora casi todo lo que me pasa se llama como tú.


16 oct. 2012

Reflexiones de octubre



Va pasando el tiempo, lento, pero lo hace.
Me he dado cuenta de que no tengo por qué tenerte en remojo con el resentimiento, de que no me apetece sentir eso por nadie. Te dejaré vivir.
Cometí todos los errores que se pueden cometer con alguien, prometí muchas cosas que no se cumplirán y cambié mi visión, mi vida, cuando todo acabó. Dije que iba a hacer muchas cosas y no llegué a realizar la mayoría de ellas. También dije que no haría otras, y las hice. Y después, las repetí. Tanto como tú.
Puedes decir que yo hice cosas peores, puedes decir que me lleno de prosa y relleno mis acciones de vacío, puedes decir que no demostré ni la mitad de lo que dije que haría, porque decir, por decir, puedes decir lo que quieras.
Una historia se vale de sus hechos, de sus batallas y de sus derrotas. De sus finales abiertos o de sus finales que se entierran. Puedes mentirte cuanto quieras, puedes decir la verdad dónde te apetezca o barnizar un poco de ella sobre tus palabras. Puedes decir que las mías no tienen valor y omitir todo lo que no te interese contar de ti misma. Porque por poder, puedes hacer lo que quieras. Pero tú sabes cuál es la verdad, como es tan verdad la verdad que yo me guardo por dentro.

Por buscar, puedes buscar mi antagonista, puedes encontrarlo y creer que es por eso mismo por lo que te gusta. Porque es contrario a mí.
Puedes sentirte tan dolida y tan segura de que me has olvidado, como si realmente hubiera pasado. A mí me va bien quedándome con los momentos en los que fuimos la una para la otra. Eso es un hecho, muchas veces lo fuimos, y fuimos felices. Y ahí te tengo, como algo transcendental que ya no existe aquí pero me alegro de que sí lo hiciera entonces.
Y no significa que por ello no siga con mi vida o que no vuelva a sentir eso por alguien, sigo adelante pero teniendo en cuenta que la herida todavía está tierna. Y los desgarrones llevan su tiempo zurcir.

11 oct. 2012

Lucha de titanes

Siempre hay complicaciones. Cuando parece que todo va bien, que has conseguido erguir la vela partida por las últimas tormentas de verano, siempre está esa cuerda que sobresale, ese cabo suelto que vuelve a hacerla caer.
Me he sentido mal el tiempo suficiente como para estar demasiado cansada para seguir dando palos de ciego. Si te quieres ir, vete. Porque tu lucha no guarda más que sangre y lágrimas inútiles. Abordé tu barco hace tiempo y encontré ese tipo de cosas que hacen que te quedes, pero tenían fecha de caducidad y con tanto dolor han acabado en necrosis. Me obligo a pensar que ocurre lo mismo conmigo. Todos nos hacemos daño sin pestañear a veces y aunque sé que estaba haciendo las cosas tal y como dije que las haría, quizás era demasiado tarde. Aunque lo hubiera intentado hace meses, siempre sería tarde.

Me ocupo las neuronas en pensar que si se van es porque yo quise que así fueran, aunque en parte no haya sido así. Con el primer gancho de izquierda, me dio por creer que la culpa la tenía yo. Tal vez sí que sea cierto, si recordamos el pasado, porque acumulo mis errores allí, como casi todo el mundo. Y digo casi, porque algunas personas prefieren metérselos en la mochila y andar con ellos por ahí. Yo no me martirizo por esas cosas, porque lo entiendo casi todo. También me miento mucho, aunque lo hago sin querer.
El puñetazo en estómago que le siguió, fue darme cuenta de que yo también estaba harta. De ser débil, de dejarme manipular, de permitir que me afecten cosas que no tendrían porqué afectarme. Y el dolor fue el de abrir los ojos por septuagésima vez y ver que realmente estaba cometiendo el mismo error, el que me hace daño a mí. Pasé de sus cadenas a las tuyas, creyendo que era libre cuando era la misma mierda, con distinto perfume.
Creí de verdad que era capaz de hacer algo por ti. Tal vez fui demasiado orgullosa como para dejarme vencer por tus golpes y quise seguir ahí a pesar de todo, porque de verdad pensaba que es donde tenía que estar. Pero no, ese ya no era mi lugar. Yo no pertenezco a ningún sitio que no sean los pies de mi sombra. Y esa fue mi patada a la espinilla, creer que aún podía hacer algo, pero con el tiempo vas viendo que hagas lo que hagas, esté mal, esté bien, si tú seguías pensando que yo era horrible y seguías revolcándote en la basura de todo esto, nada sirve ser perfecta en lo que a acciones se refiere. Si ha acabado así es porque no había más vueltas que darle, y yo le di demasiadas, me temo.

Sea como sea, fue nuestra lucha de titanes, tu lucha, esa que dejaba más heridos que salvaba más rehenes. Y llevo días sintiendo que aunque me esfuerce, no consigo que mi suerte cambie. Parece que para mí el plan sea que me queme siempre en la hoguera, como una pesadilla que se repite siempre que te vuelves a dormir. Y me sigo negando a que sea así, pero ahora es diferente. En mi vida sólo quiero a personas que me acepten tal y como soy, como yo siempre he hecho con los demás. Que ser la gilipollas molde de suela de todo el mundo es un peinado que ya no se lleva. Estoy cansada de permitir que eso suceda casi todas las veces que dejo que me vean por dentro.

Y seguiré adelante como siempre he hecho. Porque no la necesito ni a ella ni tampoco te necesito a ti para ser quién soy. Y viviré siempre con la idea de que hice lo que pude y no lo que quería alguien que hiciera.

Sé libre, como yo intento serlo a veces.

Bon voyage.