8 jun. 2012

DEP



El final. A veces tan esperado, a veces deseado. Siempre el comienzo de otro momento, otra situación, otra vida. El final es a veces cargado, tensado y alargado. Sangrante. Son ganas de acabar cuando llega, ganas de que se liberara el aire en los pulmones. De a veces respirar y saber seguro que lo estás haciendo solo.
El final de algo a veces también es angustioso y sufrido, es demasiado inevitable tal vez, sin remedio. No tiene mucho arreglo si ya intentaste que no llegara antes, aunque a veces lo tenga. El final es el final, es cuando algo acaba, expira. A veces también es algo que resucita o comienza pero no siempre lo es. Y tampoco siempre tiene sentido.

Algunos finales son irónicos, como si siempre hubieras estado evitando que acabara de ese modo y sin embargo es ese modo el que el destino eligió para que terminara.
Una lucha constante para tener un final merecido, alcanzar el clímax más impetuoso en el que hayas podido llegar a pensar. Que haya valido la pena el esfuerzo, la lucha y los sesos cercenados. Pero también piensas que cuando ha valido la pena es cuando jamás acaba. A lo mejor simplemente no es el momento de que sea un éxito, a lo mejor se necesita tiempo para que cada cosa ocupe el sitio que le pertenece universalmente dentro de todas las cosas que pasan y existen.

Tú y yo y el acabar. Eso ya lo sabíamos aunque siguiéramos intentando encajar los pilares en un tejado tan dañado como el nuestro. Los escombros se han precipitado demasiado deprisa en nuestras ilusiones. Es mejor salir huyendo que quedarse atrapado debajo de causas perdidas. Aunque no lo estén tanto, con estas heridas que me lamo cada día no puedo seguir construyendo ese mundo a tu lado. Tal vez no pueda ahora, quizás nunca sea capaz pero es nuestra necesidad la de perdonar y aceptar para entender. Cuando hay dolor cuesta más caminar pero aunque sea arrastrando se ha de seguir a adelante.

Si hoy escribo estas líneas es porque le hemos puesto fin a la época más increíble y bonita que he podido pasar al lado de una persona. Fue duro, fue llorado, fue como el final, deseado y angustioso. Dos caras de la misma moneda. Fue el aprendizaje de mi vida, fuiste mi vida y aún pienso que lo seas. Si se pudiera volar como un pájaro, la sensación sería muy parecida a la de estar contigo. Y esa sensación, la viví desde el principio hasta hoy. Y la seguiré viviendo mientras pueda. Estoy triste y cansada, estoy agotada y deshecha y aún así sonrío, y lloro también, al recordar todas esas cosas que aún tengo de ti. Porque si hay algo que nunca acaba son los recuerdos. Fragmentos de la memoria que me hace recordar que aunque haya habido un fin en esta historia, me has llenado la vida de ganas de seguir viviéndola. Y eso significa que fuimos felices y cuando te das cuenta de eso es cuando sabes que no importa lo demás.

Este final del que hablo es el final donde comienza otra fase. Es el final que se ha decidido solo y sin ruido. Es el final que pone el punto a esta novela en la que hemos estado inmersos durante todo el tiempo que duraron los sueños. Es hora de alzar la vista, de poner un pie delante del otro. Es hora de despertar aunque nunca estuviésemos dormidos.

Es hora de que siga escribiendo sobre el amor en sus segundas partes. Tal vez sí que las hayan.

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