29 dic. 2012

Tu ruido




¿Cuánto tiempo hace que te dejé entrar? O al menos, dejar que miraras de puntillas por encima de las ventanas que me abro a veces para escapar.
Por qué tan dulce y aterciopelada me pareces siempre, por qué atenta me mantienes a cada palabra que te dejas decir, por qué quiero saber más cuánto menos distancia me apetece que haya entre nosotras.
Me han dolido tantas cosas, me han desabotonado tan mal las camisas de esta, mi armadura. Me han desnudado tantas veces sólo para dejarme así, mientras cae la lluvia de alfileres. Me has caído tú del cielo, encima, haciéndome pequeñita y tratándome como si fuera grande.
Las palabras no son suficientes para describir lo que son tus lunares. Tal vez sólo he visto dos o tres en fotografías que dejas por ahí, pero conforme me voy imaginando los demás me imagino como debe de ser recorrerte. Saberme tus trecientos cincuenta y cuatro escalones y tropezar con todos ellos. Admirar el color de tus paredes y el color granate de tus descosidos. Ay, si me dejaras ser algo más que una desconocida de palabras de algodón. Te atravesaría, te haría que mirarme fuera lo que más te gusta hacer. Ay, si se pudieran hacer amaneceres con tu ruido, desayunarte los quejidos que te marcas y me cuentas mientras me invitas a tu azotea. Y qué irónico, tan lejos y sentirte tan de cerca a veces, casi contándome tus duelos al oído.
Que se me ha convertido en dogma creerme más que las palabras que te digo. Qué bonita, qué preciosa, qué rota y qué bien te queda. Eres ese puzzle que me recompone a mí.
A veces pienso que me he dejado la libertad en tu acento, en tu risa y en tu idiotez. La libertad en tus “cosillas” que me hacen polvo a mí. Y cómo me gusta. Sigue así. Ojala un día nos hagamos polvo, de las estrellas que se quedan en tus ojos.

Qué grandes, qué esquivos ellos.

Ay, si apenas puedo decir algo sin pecar de no conocerte tanto.

26 dic. 2012

Noches a secas





Siempre se quiere más de noche, nos confundimos más, nos reinventamos con luces tenues. La noche, cobijando nuestros sueños bajo su techo de cristal, nos hace alados, difusos, vidriosos. Nos ahoga a veces, generando su energía sideral desde nuestros insomnios.
Siempre nos referimos a la noche para hablar de sexo, de desacuerdos con la almohada, de besos que caducan a la salida del sol, de revolvernos a encontrarnos y resolvernos los despechos. Noches universales, universos nocturnos. Viven en ella nuestros huecos y la oscuridad que nos dejamos a medias, las sobras del día que devoramos a la noche, recovecos donde guardo cada uno de mis placeres oníricos del palpitar de lo que fueron entonces mis te quiero gastados.
Qué sería de mí sin ti, sin tu carencia de luz que ilumina mis invenciones desde el bohemio pensamiento. Qué sería de mí sin ti, que me replanteas los planos de mis adentros, me reconfiguras el aspecto, me hablas de amores, pasajeros de aviones que sobrevuelan mis delirios de pestañas caídas.
Casi todo mi arte se lo debo a las noches sin aliento. Casi todo lo que soy se lo debo al anochecerme demasiado, a contarme los descosidos y pesarme en gramos. Chica de latón busca corazón de león con la valentía de ser lógica. Las noches nos vuelven impersonales, sólo el suspiro de un roce de mejilla mal encajado. Y es cuando se me acaban las reservas de miradas penetrantes, cuando no profundizo demasiado en la boca de corazones inmensos como las hectáreas del aire.
Noches solas que se venden a gatos callejeros, noches prostitutas, vendándote los ojos, vistiéndote con luces de neón, pervirtiendo tus caídas en camas equivocadas. Noches que remueven sábanas, a veces por pesadillas, a veces por besos a quema-ropa. Noches para fumigar las erratas de la razón, que sigue leyendo mal los letreros de carreras de medias que aún escuecen transitar. La arena de Morfeo no es más que la cocaína de los soñadores.

Guardamos nuestra nocturnidad en arcenes mal iluminados, en hablar bajito para no despertar las dudas mientras conversamos con nuestras inquietudes.
Porque hay que ser elegante para dormir poco sin volverte loco, sin caer a los pies de la magia del “puede pasar de todo”. De dedicarle pestañeos innecesarios a labios que besan otras bocas. Porque tus ojos y los de cualquiera son mis estrellas esta noche.
Porque las mejores cosas suceden cuando estamos dormidos. O cuando nos damos cuenta de que ya no podemos despertar.

24 dic. 2012

Las chicas como tú




Las chicas como tú son unas zorras. O tal vez debería decir que las zorras como tú son esa clase de chicas. Las que me gustan, las que se pegan a mí, como el olor a tabaco de los pubs. Siempre me han atraído las chicas malas, las que escuecen, esas que no esperan demasiado a ver cómo cicatrizas sin verte sangrar otra vez. Lo reconozco. Tener ese poder, ese dominio, es divertido, sube la autoestima porque… ¿por qué si no iban a ser cómo son?
Mi error recae en creer que no eras una de esas chicas, que esta vez había encontrado la chica-excepción que confirma la regla. Creía que por fin había aprendido a mirar mejor en los ojos de la gente, a no tragármelo todo pero otra vez me he pegado el atracón, he enfermado de inocencia, de ingenua. No me curaré. Siempre acabaré obligándome a sonreír después de que gente tan patética como tú intente prender fuego mis sueños. Pero son pequeñas ave fénix que de sus cenizas renacen aspiraciones nuevas.
Creo que eres tú la que se ha equivocado conmigo y me reiré de ti cuando tu cerebro asimile lo que perdiste la semana pasada por no tener ni puta idea de verme. Pero no sólo de verme a mí. No eres capaz de ver a nadie, no te sabes ni ver a ti.
Y eso lo sabes, sabes que estás perdida y no te encuentras porque simplemente no sabes cómo o porque ni si quiera sabes lo que significa.

Uno de los motivos por los que sé que soy una buena persona, es el hecho de que tú aparecieras, me hirieras y te fueras. Que yo haya seguido ahí, escuchando tus mentiras, tus excusas de garrafón y tus promesas como perlas de bisutería barata, entendiéndote, creyendo que hacía bien teniendo paciencia. Hasta me creí culpable de tus delirios de grandeza, ese pijama de los domingos que te pones que hasta prefiero el vestido de putón de los viernes. Porque de putón estás más guapa y te engañas menos.
Uno de los motivos por los que sé que soy buena persona es porque te pegaste a mí y uno de los motivos por los que sé que eres una zorra es porque me gustabas.
Porque las zorras como tú, son las chicas que me gustan.

19 dic. 2012

Se acabó.

17 dic. 2012

El mundo de lo absurdo




Deja de arrastrar las palabras igual que los pies. Creo que me he cansado de ese andar tuyo como si sólo fueras tú capaz de hacer temblar el suelo que pisas. Nadie nunca me dijo que sería tan fácil quererte a medias, dejarlo en el tintero, que caiga, que de igual. Nadie nos dijo que fuera a ser tan difícil cambiar el audio a esta película tan mal doblada, dónde tu voz se queda a medias siempre diciéndome las mentiras.
Y el tintero cae y lo mancha todo de tus verdades de aire y cartón. Desborda los tejidos casi secos de este “te quiero porque sí”, como si se hiciera eterno el segundo en el que lo dejas. Porque si quise saber de ti, de tus buenas y tus noches, sólo me he llevado las noches con la luz de emergencia en los sueños, que no me dejas tener.
No crecen, no llueven ya, a penas se escucha el eco de lo que fuiste. Se agotan las razones, se desanudan los motivos, bostezan aburridas las palabras con el mismo inconformismo, se envenenan los actos con temor, se ven los besos translúcidos, inherentes al desgaste, se ven los abrazos cogidos con pinzas en el aire, temblando de frío, enfermos. Y no son más que las cuentas que nos debemos, de contarnos historias por si acaso, de pisarnos de vez en cuando y al final desnuda de ganas, te ves en números rojos. Carmín de los labios estúpidos de alguna que otra ilusión que te vas añadiendo a la lista.

Lo peor no es ser imperfecto, a veces hasta está bien serlo, la gente te admira. Lo peor es que te digan que eres perfecta, que juren que no te dejarán esperar ningún tren que no sea el de sus pasos y que aún así, prefieran venderse al primer postor que apuesta un poco tan sólo de novedad al cuento. ¡Nos hemos contado tantos!
Sobre todo siempre venías con el mismo de “soy quién no crees que soy, pero te sigo el juego”, asomando la patita debajo de la puerta para que entrara en tu tablero. Y pienso con bastante regularidad que el buen rato que pasamos, la mayoría lo puse yo y lo echarás de menos. O eso me digo, porque dudo que alguien se haya dado cuenta de lo mucho que parece que te mereces, lo poco que te ofrecen y mínimamente reconocibles que haces a las personas que te dan lo que quieres probar. Y has acabado por no merecer llegar al café de después, que casi nunca hace su aparición para nadie. Nadie es suficiente el tiempo necesario como para crear en otra persona el sentimiento del “me quedo porque eres tú”. Siempre se quiere más y nunca se está satisfecho. Y siempre se busca menos de lo mucho que acabamos encontrando. Supongo que lo último te toca a ti asimilarlo, decirte los engaños un poco más de frente.
Que dicen que se aprende con los daños y no con los años, y yo pienso que cada año nos engañamos más y nos hacemos menos caso. Y acabamos a oscuras por no hablar con nosotros un poco más de lo que hablamos de nosotros.
Se nos va la fuerza por la boca, la boca por los polvos que echamos sin mirar casi la cara del otro y el otro se va y le va bien.
Qué cuentos nos hemos tarareado con las manos tantas veces. “Que viene el lobo”, me dije yo misma y ni la oí. Demasiado ocupada estaba creyéndome cobarde cuando a la que le falta valor es a ti.
Y así de crudo suena a veces, cuando me cansas. De ejercitar tanto el corazón en subidas y bajadas, de acabar con menos de lo que empezaste, como si empezaras de cero en un cronómetro de cuyo botón pulsaste demasiado rápido y ahora toca retroceder.

Y no hay vestidos que ponerse para ir a ningún baile, porque siempre pensé que con vaqueros se iba bien hasta al infierno. Y las brujas son mejores a veces que las princesas de promesas yermas de interés por cumplirlas, que ni te regalan la manzana, le ponen precio y a veces ese precio eres tú mismo.
Y les compones canciones para que desde esa alta torre dónde se creen divas, tiren abajo su cabello y lo que acaba viniéndose abajo es la autoestima, la dignidad, las lágrimas, que si no por fuera, por dentro del esternón.
Los cuentos de hadas, esos dónde la caperuza roja no es otra cosa que una máscara que llama la atención para luego ser todo lo contrario. Cuentos que se marcan en la pared de hormigón que te acabas por empezar a hacer alrededor.

Porque el mundo, tú que me lees, has de saber que el mundo está perdiendo la guerra del absurdo. La gente se rinde fácil al primer polvo negado, se fuma lo que le apetece de ti y abandona, se creen fuertes los gusanos que siguen siendo gusanos y mueren los invencibles por el peso de la estupidez.

Estúpida yo por pensar que eras diferente. Estúpida yo por inmiscuirme en el mundo de lo absurdo. Estúpida yo por seguir pensando que hay una mínima cosa que merece la pena en ti. Estúpida yo por casi todo pero sobre todo, estúpida tú por dejar escapar a esta chica invencible rindiéndose a tu estupidez.

14 dic. 2012

En un lugar llamado "mi cabeza"


 Tú eres la droga que consumen y trafican mis ciudadanos.


Boom. Así es como consigues darte la vuelta cuando faltan motivos para seguir por donde vas. Te explota la razón en la cara, la verdad como un globo lleno de pintura, que te mancha y al secarse cuesta muchísimo de que salte a la primera.
Tú eras esa droga que consumí en la fiesta que supuso conocerte. Y me enganché y parecía de verdad. Intoxicación de palabras, ideas y de caricias que no hacían falta, que sólo sirvieron para que no me fuera. Y todavía no lo he hecho del todo pero me queda poquísimo para decir que se acabó. Y soy de las que cuando lo dicen, queman hectáreas de “lo siento”.
Me dejé llevar tanto, me pegué tanto a tu luz que acabé desintegrando mi retina en aspavientos innecesarios, en cosas “de más” y dejé de pertenecer a.
No quiero atarme a un sentimiento que ni si quiera ha nacido del todo, que sigue pataleando en mi cabeza, queriendo salir, queriendo que lo entiendas.
Y ahora he comprendido que no necesito que lo hagas porque si vivo es por mí y si siento, siempre es para mejor, no para que acaben mis noches desabridas.
Con el apagón de luz de las palabras de tu boca, se me ha desajustado el tiempo y las cosas que tenía guardadas para ti en mi nevera, han caducado. Porque compré miradas, besos y palabras de más. Porque a pesar de haber más, siempre hubo insuficiencia.
Porque me hice perderme, me hice creer que la verdad era cada palabra que decías. Y por creer, me faltan días que me ha quitado tu insomnio.
Porque vendería todo lo que tengo por lo poco que me dura un sueño y así me va, empequeñeciéndome por momentos. Porque igual que por cada bocado que te doy, me agrando como Alicia, por cada bocado que me quitas me hago más pequeña. Y yo, todavía, no he querido darte ese poder ni sé si llegaré a hacerlo.

Prometimos hacernos daño un poco más tarde, cuando el resto de sentimientos fueran capaces de curarnos. Y antes de curarme de una herida, dejo que me abras tú otra. Tu voz bastaba para sanarme hasta que las cosas se complican con flores y bombones.
Buscaba estar bien y contigo, querida, no tengo nada de eso. Has dejado de alimentar mis ganas de quedarme, has dejado de curar mis mariposas heridas para mandarlas a una guerra de altibajos. Y no lo aguanto. No aguanto mirar mis pies y ver tu sombra tapándolos.

Tú por tu lado, yo en mis nubes. Y si me buscas, encuentra la manera de hacerme volar más bajo. Porque he vuelto, pisando con fuerza esa sombra que me hacía dejar de ser yo.
Hace tiempo que dije que nada me haría salirme de la frontera que tracé en el suelo entre mis relevancias y el resto. Y no voy a empezar a fallarme ahora.

28 nov. 2012

El límite


He cruzado la línea. Esa línea que dije que no cruzaría en bastante tiempo. Créeme que he desgastado mucho mis pastillas de frenos intentado eludir la obviedad. Sabía de sobra que estaba introduciéndome en terreno conocido y sangrante, rehaciendo el camino de miles de heridas que no han sanado aún. Tal vez por eso me duele empezar a quererte.
Me he dejado hacer, al final. He cedido a los encantos escondidos, a tus secretos de llave y candado. Y no quería. No quería darte el poder, no quería enseñarte mis puntos débiles, mi “criptonita”, porque ni si quiera soy una heroína que pueda salvarte de ti misma. Pero eso todavía no lo sabes.
No quería que supieras quien soy, ni a qué dedico mi insomnio. Y sin embargo, es él quién ha ido a buscarte. Ese pajarito que siempre te lo cuenta todo.
No quería tampoco que supieras cuándo me pasa algo y cuándo no. No quería que me liberaras de la prisión que supone callarme el mundo. Y siempre, acabo diciéndotelo, sea ebria, sea entre risas o quitándole importancia, me vuelvo translúcida cuando tú eres quién pregunta con esos ojos que no existen en otras cuencas que no sean en las tuyas.
No quería que fueras capaz de cambiarme de lugar los días de la semana, que los lunes quiera que sean viernes, los viernes, sábados y los domingos viernes, y vuelta a empezar. No quería que quitaras horas a mis días para que pasen más amenos, sólo por la única razón de verte. No quería que llegara el momento que cambiara un “Si no funciona, no importa, ya vendrá otra” por un “Si vienes, que seas tú”.
No quería romper mi caparazón, no quería dejarte entrar. Pero no me malentiendas. Simplemente es el miedo que tengo a esos picos que no hacen daño, que luego te abren en canal y adiós mariposas. Y las mariposas son como las neuronas, ¿no lo sabías? También funcionan con el oxígeno, de las palabras, y se me han muerto miles intoxicadas por mentiras e intereses.

Sólo quería decirte que he cruzado la línea, esa que al pasarla, si te atreves a mirar hacia atrás, te llamarán cobarde. Y aunque he pensado en huir, salir corriendo sin nada que poner entre mis piernas, he optado por escoger la opción más acertada. Lucharé, por ti, si me dejas, sin condiciones. Y cuando sienta que quiero de más, simplemente me iré.
Y no será huir, ni será de cobarde.
Simplemente conozco lo que merezco y lo que no. Y confío, ahora un poco más que ayer, que seremos puños, nuestros pasos golpes y que daremos ese gancho de izquierda que se merece el mundo. 
Déjame hacer y nos convertiré en leyenda.

21 nov. 2012

Pedazo



Lo sientes, lo siento. Pero tú lo sabes menos que yo. Hacemos aguas por todas partes. Y no nos cansamos de hundirnos una y otra vez, como una costumbre y no suelo calificarme como una chica de costumbres. Tal vez sí de no diferenciar las mismas piedras que me hacen tropezar con el camino por el que paseo.

Qué magnéticos tus ojos, ojos de páramo onírico. Si voy al infierno quiero que me lleven ellos en su neblina difusa, que se me agotan los pasajes para escapar de este mundo de locos. Y desde lejos, me he acostumbrado a llevar una corbata que me aprieta demasiado y ni si quiera me pega con los zapatos. Tal vez no eres tú, ni yo, ni el tiempo que ha pasado. Sólo no queda aire suficiente en esta mi cápsula para poder mantenernos vivas a ambas. Pero sólo es un supuesto giro de los acontecimientos, porque sigo sin querer soltarte, ver lo que me creas dentro. De momento tan sólo me sustentan mis venas, que se rellenan de ilusiones líquidas y grisáceas, de gotero barato de la autosuficiencia de lo que me supone poner esta tercera mano al fuego. Ya no me quedan extremidades que apostar en esta carrera contrarreloj en la que si no entras en el tiempo, mi corazón deja de absorber para acabar pesándose en gramos.

No quiero convertirme en polvo aún, ni arder si no es contra tu lengua. Sólo quiero que me hagas sentir lo suficiente, ese placaje a mi pared de yeso, que la derrumbe de una vez por todas y pueda respirar el oxígeno que supone que existas.
Y se está acabando el tiempo para algo más, cuando sólo importa lo de menos.

19 nov. 2012

Foll-Arte




Tengo la boca seca y tampoco me importa. Sólo están tus ojos. También tu saliva, que tiene vida propia y me dice que necesita que alguien se drogue con ella. Y claro, yo me dejo quemar.

Tu ropa congela y tu piel arde, y la quito, la araño, la arranco y la desgarro. Todo eso en mi cabeza. A veces te tengo encima y te lo hago todo en ella que me quedo en ascuas pensando que ha sido real. Y a veces lo es, y cuando lo es, el mundo se reduce a chispas. Nos destruimos mutuamente y van cayendo edificios. Se apilan nuestros civiles caídos, los escombros no son si no las veces que dijimos que saldría mal. Intentamos mordernos, hacernos polvo cósmico y sólo nos pinchamos y sangramos. Entonces sabemos que es real, que nos estamos sucediendo al final.

Pruebo un pequeño bocado de ti y me hago grande como Alicia, y la ropa se me queda pequeña, me aprieta y estalla dejando paso a la piel que te grita. Más y más. Y entro en tu nube, donde a ciegas voy leyendo el braille de tus miradas de neblina estelar. No veo nada, sólo cada lunar tuyo en cada esquina, esperando clientes. Se acercan mis dedos y pagan una ronda de besos de esos que importas desde dentro, sólo para ese único momento en el que la piel es el único abrigo visible.

No hay armaduras. No hay miedos. Sólo nuestra ceguera, sin oír más que respiraciones ahogadas. No hay alrededor, ni hay tiempo. Sólo está ese pequeño espacio que ocupa un poco más de lo que somos enredadas. Sólo ese pequeño recoveco del universo, en el que sólo existen tus ojos para todas las comidas del día, dónde respiro el aire que respiras y el tiempo se mide en latidos. Dónde nos dejamos sin nada, dándonos todo en forma de hecatombes y tormentas solares. Ciegas, sordas, ebrias de nosotras mismas.
Y es en esos momentos, en los que haces que me olvide que existo en la Tierra.

4 nov. 2012

Hueco


Ya no me miento demasiado. Últimamente me saco de dentro y me paseo, y recibo los rayos que no devoré en los pocos días que hace buen tiempo en invierno. Y pensar que para mí buenos días son lluviosos y oscuros, casi ahogados como este, donde algo me aprieta el estómago y sólo puedo dejarme salir.
Y paseo. Camino mucho, demasiado a veces y me voy tan lejos que… cuesta encontrarme. Y a veces me sorprendo dormida apoyada en la arboleda de sus brazos de hace muchos pensamientos. Que a saliva y lágrimas, crecieron nuestros sueños y murieron de viejos. Sé que lo sabes, aunque no tanto como solías saberlo. Ahora es distinto, cada una se empana pensando en cosas diferentes, ¿no?
Pero no fueron huellas tus pisadas o tus arreglos, ni tampoco la memoria se vuelve virgen después de tanto polvo echado… Y no, no somos conscientes.
O sí. Cuando el estado de la memoria del corazón recuerda ese romance oxidado, amor que como Don Quijote, sólo recobró la cordura para morir. Tal vez nos quedamos en extrañas y nos extrañamos a veces y conociéndonos, acabaremos coincidiendo en casualidades de mecha y pólvora.

Te importe o no, ya no curas porque ya no sangro. Que verte fue sólo comprobar que amor ido no vuelve. Y te sigues relamiendo a veces, que lo sé. Y yo sigo creyendo que tengo derecho a seguir teniéndote como parte de mí. Y sólo ocupas el corazón que lleva mi sombra.
Y aunque quisimos, nuestros sueños no eran como Benjamin Button, que de viejos podrían morir naciendo.

Pues no quiero rebobinarte. Ni sacarte brillo. Seguirás siendo ese bonito trofeo de vitrina, empobrecido por el tiempo, asfixiado en polvo y meses y olvidado.
Y dejaré de ser una estúpida que aún cree que no es la única que merece importancia en todo esto.
Fuiste tormenta y te has acabado resumiendo en viento, ruido, murmullo y eco.

Hasta sólo ser vacuo silencio.

2 nov. 2012

Marrones

Tus ojos.
Dos esferas clavadas en mí,
en mi nuca cuando no miro.
Dos incandescentes parpadeos,
Que me electrifican con la humedad
De las sábanas.

Ojos redondos, almendrados a veces,
Cuando ríes y te haces grande.
Cuando feliz, creces.
Ojos del averno, del beso ignífugo
De las jaulas de tus pestañas de agua.

Ojos que devoran ropa y piel,
Que liman hueso
Y cosen las sonrisas que de capa caída,
no vencen a malvados villanos.

Uno, dos. Ojos de apego.
Ojos que besan a escondidas
Y sobrevuelan las calles de lo orgánico.
Mirada orgásmica del humo que sale
De la fricción de nuestras pupilas.
Sin dilatar.

Ojos de desgaste, de bocas del insomnio.
Ojos del desorden, de tu voz y sus aullidos.
Tus ojos son dos gritos de aviso.
Mirarlos es respirar, bocanadas del aire
Más difuso de la despensa del pulmón.

Ojos que me meriendo,
Ojos que desgarro con los míos.
Ojos de planeo, de planetas esquivos.
Ojos analíticos y secuaces
De mi placer de engaño.

Del tejido de tus ojos
Me hago las noches.
De tus noches,
Tan sólo tus ojos.


Miradas de ebrio
Coraje de saberte a dulces penas.
Fulgor de vistazos inequívocos,
De la memoria de mi almohada.

Tus reojos son los fuegos artificiales,
Que curan mis mariposas heridas.

Tus ojos, malditos tus ojos.
Tiernos puntos de inflexión.
Tus ojos son la libertad
A la que me quiero dedicar.

Son ellos, malas artes.
De sacarme de todo lo bueno
Que quedó en posos.
De convertir más de mis ecos vacíos
En golpes mudos.

De devolverme el aire a la garganta
Y poder seguir hablando
De lo bonito que es tu cuello,
Del que me colgaría sin dudar.

Tus ojos… Son una cárcel.
Con una puerta abierta
Y un horario sin establecer.
Donde me recluyo en amaneceres de espino.
Dos llaves, son ellos, con las que me abres
Y me quitas el polvo con caos.

Tus ojos son poesía ilusa
y este poema estúpido y soñador
te cree suya.

Vérsame el aire, como cuando miras
Desgarbada como te saco brillo.

Ellos marrones y comunes,
Son alados.

Mis ojos, mis malditos ojos…
Sólo desean que los hagas tuyos.

28 oct. 2012

Valentía del insomnio



Tal vez escondiera las palabras tras el amanecer, pintando sus caderas con escalofríos, negando que podría desayunarse las voces que retumban en su vacío.

Si tan sólo se diera la vuelta se daría cuenta que el mundo está hecho para creernos libres.
Si tan sólo dejara de mirar su reflejo en cada par de escaparates que le recuerdan sus finales. Que su vida no es un cuentecillo de Shakespeare, para entretener a ese público que aplaude sin saber de la trama que tejen sus palabras de aguja. Y ella se sigue creyendo cada despertar como un "sigues viva", que no se alimenta de las luces bohemias de calles sin tránsito. Que cada palabra que suelta, anuda hasta el tope las corbatas de cada una de las personas que intentan darle un aprecio. Sin embargo, ella no deja que sea otra, no mejora ni se demora, ni es sutil, ni lo esconde, simplemente le pone mute a sus dolores y le da al reset cada vez que termina un día mal llevado.
Y no traga la saliva que no gasta en palabras inútiles. Ya no necesita un respiro, porque lo hace continuamente. Y abre la nevera, y la inseguridad sigue ahí, sin caducar.

Quizás el secreto esté en cada aleteo de pestañas en un autobús, en cada cerrar de ojos en un abrazo. Tal vez pudiera nutrirse de sus sueños por vía intravenosa, para que hicieran más efecto. Pero cada vez los ve más por encima de personas que acaban de llegar, como si hubieran llegado empapados, atravesando las sucias calles disecadas bajo una sábana de lluvia inesperada. Ella lagrimea un poco y piensa en razones por las que el cariño le escuece tanto al recibirlo que casi no se deja. Y recuerda sus ojos, y los mira siempre que puede, y se encuentra otro escaparate dónde reflejarse. Pero esta vez es cálido, como cada parte de sus soles. Y ella piensa que parece como si esa persona brillara sólo para ella y se jura mantenerla siempre por encima del cielo.


Tal vez la vida no la entienda en su existencia, quizás no deba correr el riesgo de llenarse con soles apagados y universos de fracaso. Pero parece todo tan fácil últimamente que sólo nota los latidos que mueren en cada andén que pisó... Latidos de cristal con miedo a quebrantar esos escaparates que la observan, esas sonrisas que ve a través de vidrieras, esas bocas, esos dientes, los labios que la están haciendo fibrilar.

Ve sus sombras, ve sus fantasmas alejarse con las palabras guardadas en cajas de mudanza. Porque donde tenían lugar ahora sólo caben sus risas y preciosos aspectos expuestos a través de esos escaparates que la llenan de sustos. Y sonríe con ellos y acaba sacándoles brillo Y los sustos, los sustos sólo son motivos para seguir siendo valiente.

Y anochecía sus ojos y amanecía a su lado. Y se devoraban al atardecer siempre que podían.




Y esa es la historia que comienzo a escribir últimamente, esperando que siempre comience diferente y nunca acabe de la misma forma.

19 oct. 2012

Fast love

Tus labios, ese chapuzón que me doy cada mañana. Tus ojos, ese espejo donde peino mi pelo enmarañado. Tu voz, son buenas noticias. Tu olor, chocolate caliente en invierno.

Tú, ahora casi todo lo que me pasa se llama como tú.


16 oct. 2012

Reflexiones de octubre



Va pasando el tiempo, lento, pero lo hace.
Me he dado cuenta de que no tengo por qué tenerte en remojo con el resentimiento, de que no me apetece sentir eso por nadie. Te dejaré vivir.
Cometí todos los errores que se pueden cometer con alguien, prometí muchas cosas que no se cumplirán y cambié mi visión, mi vida, cuando todo acabó. Dije que iba a hacer muchas cosas y no llegué a realizar la mayoría de ellas. También dije que no haría otras, y las hice. Y después, las repetí. Tanto como tú.
Puedes decir que yo hice cosas peores, puedes decir que me lleno de prosa y relleno mis acciones de vacío, puedes decir que no demostré ni la mitad de lo que dije que haría, porque decir, por decir, puedes decir lo que quieras.
Una historia se vale de sus hechos, de sus batallas y de sus derrotas. De sus finales abiertos o de sus finales que se entierran. Puedes mentirte cuanto quieras, puedes decir la verdad dónde te apetezca o barnizar un poco de ella sobre tus palabras. Puedes decir que las mías no tienen valor y omitir todo lo que no te interese contar de ti misma. Porque por poder, puedes hacer lo que quieras. Pero tú sabes cuál es la verdad, como es tan verdad la verdad que yo me guardo por dentro.

Por buscar, puedes buscar mi antagonista, puedes encontrarlo y creer que es por eso mismo por lo que te gusta. Porque es contrario a mí.
Puedes sentirte tan dolida y tan segura de que me has olvidado, como si realmente hubiera pasado. A mí me va bien quedándome con los momentos en los que fuimos la una para la otra. Eso es un hecho, muchas veces lo fuimos, y fuimos felices. Y ahí te tengo, como algo transcendental que ya no existe aquí pero me alegro de que sí lo hiciera entonces.
Y no significa que por ello no siga con mi vida o que no vuelva a sentir eso por alguien, sigo adelante pero teniendo en cuenta que la herida todavía está tierna. Y los desgarrones llevan su tiempo zurcir.

11 oct. 2012

Lucha de titanes

Siempre hay complicaciones. Cuando parece que todo va bien, que has conseguido erguir la vela partida por las últimas tormentas de verano, siempre está esa cuerda que sobresale, ese cabo suelto que vuelve a hacerla caer.
Me he sentido mal el tiempo suficiente como para estar demasiado cansada para seguir dando palos de ciego. Si te quieres ir, vete. Porque tu lucha no guarda más que sangre y lágrimas inútiles. Abordé tu barco hace tiempo y encontré ese tipo de cosas que hacen que te quedes, pero tenían fecha de caducidad y con tanto dolor han acabado en necrosis. Me obligo a pensar que ocurre lo mismo conmigo. Todos nos hacemos daño sin pestañear a veces y aunque sé que estaba haciendo las cosas tal y como dije que las haría, quizás era demasiado tarde. Aunque lo hubiera intentado hace meses, siempre sería tarde.

Me ocupo las neuronas en pensar que si se van es porque yo quise que así fueran, aunque en parte no haya sido así. Con el primer gancho de izquierda, me dio por creer que la culpa la tenía yo. Tal vez sí que sea cierto, si recordamos el pasado, porque acumulo mis errores allí, como casi todo el mundo. Y digo casi, porque algunas personas prefieren metérselos en la mochila y andar con ellos por ahí. Yo no me martirizo por esas cosas, porque lo entiendo casi todo. También me miento mucho, aunque lo hago sin querer.
El puñetazo en estómago que le siguió, fue darme cuenta de que yo también estaba harta. De ser débil, de dejarme manipular, de permitir que me afecten cosas que no tendrían porqué afectarme. Y el dolor fue el de abrir los ojos por septuagésima vez y ver que realmente estaba cometiendo el mismo error, el que me hace daño a mí. Pasé de sus cadenas a las tuyas, creyendo que era libre cuando era la misma mierda, con distinto perfume.
Creí de verdad que era capaz de hacer algo por ti. Tal vez fui demasiado orgullosa como para dejarme vencer por tus golpes y quise seguir ahí a pesar de todo, porque de verdad pensaba que es donde tenía que estar. Pero no, ese ya no era mi lugar. Yo no pertenezco a ningún sitio que no sean los pies de mi sombra. Y esa fue mi patada a la espinilla, creer que aún podía hacer algo, pero con el tiempo vas viendo que hagas lo que hagas, esté mal, esté bien, si tú seguías pensando que yo era horrible y seguías revolcándote en la basura de todo esto, nada sirve ser perfecta en lo que a acciones se refiere. Si ha acabado así es porque no había más vueltas que darle, y yo le di demasiadas, me temo.

Sea como sea, fue nuestra lucha de titanes, tu lucha, esa que dejaba más heridos que salvaba más rehenes. Y llevo días sintiendo que aunque me esfuerce, no consigo que mi suerte cambie. Parece que para mí el plan sea que me queme siempre en la hoguera, como una pesadilla que se repite siempre que te vuelves a dormir. Y me sigo negando a que sea así, pero ahora es diferente. En mi vida sólo quiero a personas que me acepten tal y como soy, como yo siempre he hecho con los demás. Que ser la gilipollas molde de suela de todo el mundo es un peinado que ya no se lleva. Estoy cansada de permitir que eso suceda casi todas las veces que dejo que me vean por dentro.

Y seguiré adelante como siempre he hecho. Porque no la necesito ni a ella ni tampoco te necesito a ti para ser quién soy. Y viviré siempre con la idea de que hice lo que pude y no lo que quería alguien que hiciera.

Sé libre, como yo intento serlo a veces.

Bon voyage.

24 sept. 2012

Pasos


Ser  feliz o no, no me preocupa demasiado. No hay por qué obsesionarse con ello. Siempre he pensado que hacer lo que quieras en el momento en el que lo deseas es un translúcido biombo en el que puede apreciarse detrás una verdad niña y asustada, desnuda, cambiándose de piel para ser mejor para mí, para poder madurar y hacerme mejor. Tal vez ahora no entienda muy bien a dónde voy y por qué camino hacia donde no parece haber mucho que encontrar, pero es un “a veces estoy bien y cada vez mejor” y supongo que en eso se basan las cosas, al fin y al cabo. Cuando te sientes bien, feliz, quieres que eso continúe siendo así y sólo tú eres capaz de que incluso mejore la situación., aunque sea de vez en cuando.

Estoy aprendiendo, como todo el mundo. Sé que mejoraré, que tal vez un día despierte y me lo deba todo a mí misma. De hecho, lo sé. No sé qué puede pasar, pero estoy segura de que sea lo que sea, podré con ello. Al fin y al cabo, la vida no es para tanto y hay que respirar, de vez en cuando coger aire y si tienes que decir “basta”, significa que de verdad es necesario. Sea como sea, todos acabamos haciendo daño a alguien y torturarse o quitarle importancia, es una misma manera de cagarla. Simplemente hay que sentirlo y seguir adelante. No voy a fingir que no hay cosas que raspan y magullan las ganas, y lloraré si me apetece pero creo que hay muchas más cosas buenas por las que preocuparme que porque alguien se haya ido de mi vida o no.
Prefiero ser feliz al pensar que yo me he quedado y que muchos conmigo.

Y como dicen por ahí:
"Honestamente, no tengo tiempo para odiar a la gente que me odia porque estoy demasiado ocupado amando a la gente que me ama".

Y a volar.




22 sept. 2012

No me convences



Si cada vez, que me quiero ocultar,
tú me conviertes en gigante.

16 sept. 2012

No sense






No sé por qué aún me escuece la garganta el pronunciar su nombre. Parece como si casi doliese.

Sonríe, deja que utilice tu sonrisa como una luz en la mesita de noche. Siendo una Ramona Flowers que raspa el gris de los muros donde te atrapé, entregando el correo en mi retina, permitiendo respirar el aire incendiario de una bombona de gas. No quiero que entiendas mis palabras. Sólo quiero que no cambies tu pelo cada vez que intentes olvidarme.
Siento el duro suelo bajo mi cara, frío, insípido, incoloro. Oigo las pisadas provocando el gruñido de los ladrillos de esta casa. Estoy cansada y quiero cambiarte por algo mejor. Y me repito en forma de eco por toda la calle. Sólo el silencio me responde.

Viviendo en automático, amor delgado, lírica malgastada en un amor de engaño. Viendo tus sonrisas en otras bocas, tus ojos en otras cuencas, tu voz en una canción. Tu sabor en una bocanada de aire… Que se me indigesta. Caducadas notas que tan sólo arañan, ya ni me acarician las lágrimas cuando pienso en sin sentidos.
Entré en el juego, yo saldré de él.

3 sept. 2012

Amnesia del corazón


Me contento, me contengo,
me contagio de amaneceres vacíos,
enfermo de alientos ajenos.
me reparto entre hambrientos.

Me anudo las voces,
me lleno de espacio,
guardo ese hueco como
si fuera lo más valioso.
Lo único que me queda de ti.

Fatigo mis pensamientos,
los canso, los encuentro en sueños
cuando me queda almohada.
Los ahogo en lejía y me hallo
en su pulcra esencia marchita.

Equívoco el intento.
Miradas profundas a cuencas vacías,
a labios caducos sin carne, sin deseos,
siendo juegos, errantes palabras de hielo,
que esconden desafíos metafísicos
de la memoria del corazón.

Y si me acerco, explota.
Y si dudo, explota.
Y si quiero, se desvanecen motivos.
Y tropiezo.

20 ago. 2012

Sin rencor



Me fumo los suspiros junto con las ganas de volar. Siempre supimos que no era fácil hacerlo. Siempre supimos que para volar se necesitan cosas bonitas en las que pensar.

Me escapo de las tildes que lidian con la palabra corazón y tú, tú que sabrás de él y de su dolor. Qué sabréis vosotros de él y de sus miedos.
A veces salta al vacío, creyendo ver una piscina al fondo, pero al caer unos brazos lo agarran. No lo cogen, no, lo agarran. Lo exprimen, le hacen hablar, a veces ahoga sus lágrimas entre latidos porque no puede irse, porque no puede dejarlo.

Droga de corazones anestesiados.
Ya no duele, sabiendo que los recuerdos estaban enfermos e iban a morir, no sorprende. Sólo quedan rastros en el aire viciado de la soledad venidera.
Quién quiso creer en algo, al fin y al cabo, acaba quemándole los oídos por no escuchar la voz de la verdad. ¿Realmente sabemos cuándo estamos perdidos o cuándo estamos a punto de perdernos?
Nadie te pone el reloj a la hora, ni un alarma que dicte la sentencia del error. Nadie te dice cuando te equivocas ni si realmente lo harás. El sonido de la equivocación viene en forma de rechazo, de reproche y de dolor. Tú eres la diana, sus palabras los dardos que te atraviesan. Su premio, el desahogo. Tu trabajo, el de saber sumar los puntos, que no son sino los fallos acumulados. Tus fallos son sus aciertos. Ellos supieron que te equivocabas antes de saber si quiera lo que tú misma ibas a hacer. Y, sin embargo, se quedaron ahí, expectantes, esperando que erraras para venir corriendo a decirte cómo llevar tu vida.

No más. Así acabó.
Diciendo que no volverías a lo mismo.
Mi tarea ahora es empezar a creérmelo. Aunque no tenga ganas ni las pretenda tener.

5 ago. 2012

Causa y efecto



¿Dónde empieza la necesidad y dónde el deseo? ¿Cómo sabes por dónde has de caminar si pareces andar campo a través?
Como si esta sensación fuera un puñetazo que te da el alma para que te des cuenta de lo que te estás haciendo, así siento mi estómago hoy. La nostalgia parece ser lo único que hay hoy para comer.
Echo de menos ser niña y que la única exigencia sea que me coma las lentejas. También echo de menos ir al colegio con los ojos pegados y sacar las asignaturas con matrículas de oídas. Que ir al parque sea una aventura cada tarde. Que dibujar sea lo que más me gusta del mundo mundial y sentirme especial por ello.
Como desearía llorar sólo cuando, subiéndome a los árboles, me caigo de ellos y la rodilla me empieza a sangrar. Y ser capaz de lamerme la herida y volver a subir.

Quién no quisiera volver atrás. Quién no querría que todo fuese fácil, nunca crecer, vivir en una felicidad infinita y pura como lo es ser niño. Y jamás cansarte de sonreír y de que ningún monstruo parezca lo suficientemente grande como para vencerte. Que tus únicos miedos sean fáciles de sobrellevar. Quién no quisiera que la oscuridad a la que antes temías se cambiara por la que siento yo ahora.


Y sé que esto que siento hoy, volverá a invadirme la mente dentro de treinta años cuando recuerde quién era y quién soy. A cuántos amé y cuántos me odiaron por no hacerlo. Mis victorias y mis fracasos, marcados como cicatrices en cada lugar dónde dejé que me doliera algo. Viviendo la vida siempre joven, sin miedo al temible después, el ir y venir de cada existencia humana sin saber el comienzo ni el final de esta. Escribiendo en tus pies el camino a seguir, esperando, teniendo fé ciega en las expectativas que tú mismo te impones como “por cumplir”. Siendo constante y estúpido, ignorando el tiempo, ingenuo de tu propia equivocación obvia, sufrida y sangrante. Cuando estás allí y no aquí, en el tiempo y te dices “valió la pena” es cuando no perdiste el tiempo con matices. Cuando elegiste, cuando te equivocaste. Y cuando muchas veces diste en el blanco.

Tal vez te duela en el momento de elegir y sufras. Tal vez creas que no se puede superar el dolor que sientes en ese momento, sin creer que el tiempo pasará y nada importará lo que dolió sino lo que acabó significando. Qué más da lo que duela, cuando todo pasa.

Porque como me decían a mí al caer del árbol y agarraba a llorar: “Levántate, ese dolor es sólo el golpe”.

3 jul. 2012

Red


Escribir para mí siempre ha sido fácil porque me gusta y por ende lo que me gusta siempre se te hace más fácil que lo que no. En el colegio nos pasaba. Teníamos las mejores notas en las asignaturas que de verdad nos interesaban. Las otras se convertían en obligación tan sólo. No había un placer en estudiarlas ni dedicarles tiempo.
Desde que fui consciente de que escribir me hacía sentir bien he hablado del amor. El amor lo mueve todo, el amor te hace estallar, te hace cambiar, el amor saca lo mejor de nosotros, amar nos hace felices, amar nos hace ver la luz y también quedarnos ciegos.
Amar duele, a veces se parece a morir cuando no se tiene o se ha perdido y creemos que ya no tiene sentido vivir sin ese amor. No comprendemos que amar es todo.
Es el conjunto de esas cosas que hacen mover las turbinas al cuerpo, es lo que hace que tengamos ganas de hacer lo que hacemos porque todo guarda un sentimiento. 

                                           

Un buen ejemplo para lo que trato de decir es el dibujo. Amo dibujar porque me encanta ver con mis propios ojos lo que tengo en la cabeza. Me vuelven loca los colores, las líneas, los sombreados. Lo elegante que parece todo cuando es dibujado o pintado y cómo me siento cuando veo el reflejo de lo que soy en cada trazo. Ver que me gusta, que me gusta como soy por dentro y como nadie puede entender mi pequeño mundo que veo a veces. Siempre está ahí, esperando que logre entenderme.
Y es como mis pulmones, mi piel, mi voz, inhalase aire y lo filtrara quedándose sólo con las pequeñas motas, como si fuera polvo, que es el arte, acumulándose en mi interior, dándome la fuerza que necesito para seguir estando aquí.
Cuando me equivoco y un dibujo no sale bien lo intento otra vez hasta que sale. Y así es como lo disfrutas más, cuando llegas al final y te das cuenta de que has conseguido lo que te proponías, cuando has cumplido tu objetivo.
Vas evolucionando como artista y como persona. Experimentas con el arte, te marcas unos bailes y vas mejorando, vas buscando y encontrando lo que realmente te gusta hacer, el estilo que te va. Y cuando lo encuentras, le dedicas tiempo y le dedicas cariño. Porque es lo que te gusta y es lo que siempre has estado buscando.

Y eso pasa con todo. Sólo es una reflexión, una metáfora de lo que realmente quiero decir.
Es lo que llevo pensado hasta ahora y tengo claro. Que sin amor, sea de la clase que sea, sólo nos hacemos unos locos de nosotros mismos.
Y cuando se tiene, hay que cuidarlo.

11 jun. 2012

Necesidad



Necesito verla, besarla siempre,
creer que puede de verdad
cambiarme el aire de sabor,
pararme el tiempo.

Necesito dormir con ella,
tenerla en sueños,
beber de ella cuando es verano,
taparme con sus abrazos cuando hace frío,
en invierno.

Necesito reflejarme en sus dientes
cuando sonríe, saber que lo hace por mí
y por ella ser su risa y su despertar.
Vestirla de amaneceres.
Necesito que me miren sus ojos
para saber que existo.

Necesito el tiempo para envejecer
mis ideas.
Necesito conocerla, necesito quererla.
Necesito, sin duda, necesitarla
como un corazón necesita un latido.

8 jun. 2012

DEP



El final. A veces tan esperado, a veces deseado. Siempre el comienzo de otro momento, otra situación, otra vida. El final es a veces cargado, tensado y alargado. Sangrante. Son ganas de acabar cuando llega, ganas de que se liberara el aire en los pulmones. De a veces respirar y saber seguro que lo estás haciendo solo.
El final de algo a veces también es angustioso y sufrido, es demasiado inevitable tal vez, sin remedio. No tiene mucho arreglo si ya intentaste que no llegara antes, aunque a veces lo tenga. El final es el final, es cuando algo acaba, expira. A veces también es algo que resucita o comienza pero no siempre lo es. Y tampoco siempre tiene sentido.

Algunos finales son irónicos, como si siempre hubieras estado evitando que acabara de ese modo y sin embargo es ese modo el que el destino eligió para que terminara.
Una lucha constante para tener un final merecido, alcanzar el clímax más impetuoso en el que hayas podido llegar a pensar. Que haya valido la pena el esfuerzo, la lucha y los sesos cercenados. Pero también piensas que cuando ha valido la pena es cuando jamás acaba. A lo mejor simplemente no es el momento de que sea un éxito, a lo mejor se necesita tiempo para que cada cosa ocupe el sitio que le pertenece universalmente dentro de todas las cosas que pasan y existen.

Tú y yo y el acabar. Eso ya lo sabíamos aunque siguiéramos intentando encajar los pilares en un tejado tan dañado como el nuestro. Los escombros se han precipitado demasiado deprisa en nuestras ilusiones. Es mejor salir huyendo que quedarse atrapado debajo de causas perdidas. Aunque no lo estén tanto, con estas heridas que me lamo cada día no puedo seguir construyendo ese mundo a tu lado. Tal vez no pueda ahora, quizás nunca sea capaz pero es nuestra necesidad la de perdonar y aceptar para entender. Cuando hay dolor cuesta más caminar pero aunque sea arrastrando se ha de seguir a adelante.

Si hoy escribo estas líneas es porque le hemos puesto fin a la época más increíble y bonita que he podido pasar al lado de una persona. Fue duro, fue llorado, fue como el final, deseado y angustioso. Dos caras de la misma moneda. Fue el aprendizaje de mi vida, fuiste mi vida y aún pienso que lo seas. Si se pudiera volar como un pájaro, la sensación sería muy parecida a la de estar contigo. Y esa sensación, la viví desde el principio hasta hoy. Y la seguiré viviendo mientras pueda. Estoy triste y cansada, estoy agotada y deshecha y aún así sonrío, y lloro también, al recordar todas esas cosas que aún tengo de ti. Porque si hay algo que nunca acaba son los recuerdos. Fragmentos de la memoria que me hace recordar que aunque haya habido un fin en esta historia, me has llenado la vida de ganas de seguir viviéndola. Y eso significa que fuimos felices y cuando te das cuenta de eso es cuando sabes que no importa lo demás.

Este final del que hablo es el final donde comienza otra fase. Es el final que se ha decidido solo y sin ruido. Es el final que pone el punto a esta novela en la que hemos estado inmersos durante todo el tiempo que duraron los sueños. Es hora de alzar la vista, de poner un pie delante del otro. Es hora de despertar aunque nunca estuviésemos dormidos.

Es hora de que siga escribiendo sobre el amor en sus segundas partes. Tal vez sí que las hayan.

7 may. 2012

Centro urbano


Es como un cielo lleno de nubarrones,
Cuatro gotas que caen sin fuerza,
Con cansancio, sin ganas de ser
Ni el charco salpicado por los coches
Al pasar.                                                        
Farolas que parpadean. Bostezan aburridas.
Un gato que se esconde en el calor de un motor.
Como si huyera de las razones, de los porqués,
Del casi insensible vacío de las calles.
Que no son sino mis propias venas,
Sin sangre.

Sólo el ya escaso aire faltándome en los suspiros.

Se me han pasado mil buses,
Mil trenes que no volverán,
Como las golondrinas de Bécquer,
A esta ciudadela de mí misma, gris,
Besada por el más duro hormigón.
Casi mordida.

Sólo quiero ser dejada ir,
No sostener por más tiempo los pilares
Del amor loco, agarrado y devastado, como con falta,
Casi sin fuerza en los dedos al mecer ilusiones a ojos cerrados.
De piernas que pierden la estabilidad y se deslizan,
Como un pañuelo, una sutil caricia, sin sangrado dolor,
Sólo un cansado atardecer permanente,
Un caído corazón en combate.


Y sin quererlo, soy de darte una burbuja donde te cobijes
Hasta que esta impotente lluvia,
Ducha de barro y sal,
Deje de escocer tus heridas
Que no estás dispuesta a curar.

Soy de darte y no quitarte casi ninguna cosa
Y a veces sigues pidiendo, sin poder yo recoger,
Ni un poco de lo que cosecho.
Sigo muriéndome en esta ciudad vacía
Mientras devoras mi brazo apenas torcido.
  
Sigo esperando la estela de amoríos,
Latidos de nuevo, vivos,
Y pálpitos que llenen mi cuerpo vacío
De mariposas sin esfuerzo.
De mariposas secas de las lágrimas
De estas nubes anudadas de agobio,
Durante tanto tiempo.

De amor, te digo, de amor.
De amor porque sí,
Porque de verdad existe para mí
Si me dejo las alas crecer y las heridas, cerrar.

23 abr. 2012

Desgaste



Puede parecer una estupidez, a veces a mí también me lo parece. Ponerse a pensar en la complejidad de la existencia humana, en el porqué de cada respirar en ocasiones sólo te lleva a las mismas preguntas incapaces de ser respondidas. Te lleva a los mismos sueños que dejamos atrás al despertar y a esa otra clase de sueños que despertamos en nuestro interior, sueños que convertimos en nuestro motivo para seguir permitiendo al corazón latir.
Esta noche me he puesto a pensar en ello, en lo fácil que es acabar con ellos, romper la burbuja de cristal que los cubre, reventar esa cúpula aguada de deseos e ilusiones, que una vez partidos en dos se sumergen como una barca carcomida por la ambición. Sin embargo, ¿qué seríamos sin ella? Jamás avanzaríamos, jamás seríamos felices porque no alcanzaríamos lo que queremos. Pero si algo es cierto es que si no consigues lo que quieres es porque realmente no lo necesitabas.
A lo que quiero llegar, (si es eso a lo que me refiero) es que la ambición y, en pequeñas dosis, la avaricia son necesarias de una forma estimulante. Sin ambición no hay razón de existir, no hay metas, no hay final mas que la misma muerte.

Todos tenemos esa ambición, ese querer conseguir más, ser más. Tal vez más guapo, más alto, más fuerte o más inteligente. Querer estudiar en una buena universidad, querer ser el primero de la clase, conseguir al chico o chica a la que quieres, viajar a todos los lugares que siempre has querido visitar, conseguir un trabajo estable, un techo, coche, hijos y jubilación. Cosas materiales, cosas que no lo son. Pero siempre más, siempre se aspira a más. Son tus sueños, tuyos y, sea como sea, tienes que ser tú quien consiga llevarlos a la realidad. Y eso sólo se logra creyendo en ti mismo.


Ahora bien; la vida es una cruz sin lijar llevada a espalda desnuda. Al final del camino te das cuenta que tienes la espalda arañada y, en ella, profundas astillas se alimentan del dolor. Heridas, cicatrices sin sanar, agujeros. Disgustos, momentos desabridos y regustos amargos. Lágrimas que no llegan al suelo y, sin embargo, calan el alma. Y cuando, sin saber qué ha ocurrido, esos sueños que has alimentado con sonrisas antes de cerrar los ojos, sueños con los que has desayunado y a los que has dedicado tiempo. Esos sueños con los que, al fin y al cabo, has convivido durante la suma de tus días y puesto los cinco sentidos en ellos, llegan sólo a ser la idea de lo que fue y de lo que no será sigues manteniendo esa esperanza amarga e ingenua de que puede que sea posible, cuando ni tú mismo crees a tu propia voz. Lo fácil que se pueden romper, como si de porcelana se tratasen y sin embargo no somos más que el polvo de lo que fuimos y seguimos respirando a través de él. Seguimos queriendo sobrevivir al cambio, al venirse abajo, a la demolición de nuestras pesquisas y nuestros grandes castillos sin bandera que durante mucho tiempo hemos ido construyendo al lado de grandes lagos de años, inocentes, estúpidos y, de alguna forma, desesperados por encontrar ese algo que nos diga quiénes somos, de dónde venimos y a dónde se supone que vamos. Y así es toda la vida, siempre cambiando de sueño, de deseo, de voz. Siendo quién no eres, estando con quien no quieres estar, trabajando dónde nunca hubieses trabajado y sintiéndote una mierda la mayoría del tiempo. Pero, ahí sigue esa idea, esa bombilla de bajo consumo que alumbra la casa dónde conviven tus amaneceres. Esa bombilla que parpadea moribunda a sabiendas de que algún día, como el sol, sólo será una enana blanca. 



Nuestra situación, las constantes caídas, algunas seguidas de otras, el sudor en frente y espalda, las decepciones y escasas muestras de afecto que suele tener el karma con la mayoría de las personas, acaba con ellas. Esas circunstancias llevan a recaer y hacer hincapié, metiendo la pierna hasta el fondo en un odio retenido, relamido inconscientemente y traído a una indiferencia fría e incapaz de ser curada. Por lo tanto, acaba dándonos todo igual. Ya no se piensa en el futuro, no tienes planes, no deseas ni te ilusionas. Todo es corto, rápido, instantáneo, efectivo. Y, sobre todo, todo se hace sin ganas. Y muchas veces, es difícil cambiar eso.
Últimamente ese vacío, es odio contenido de ser incapaz de perdonar, esa indiferencia hacia todo, se ha convertido poco a poco en la esencia de mi vida.

Como he dicho antes, tienes muchos sueños y cuando estos se rompen, te cortas y esa herida tarda mucho en sanar. Y cuando se te está curando una, te haces otra y así, vas arrastrando tu existencia hasta que decides hacer algo de provecho con ella. Cuando te hacen daño tantas veces en tan poco tiempo lo mínimo que te puede ocurrir es que dejes de creer que algún día todo te irá bien. La felicidad, como el poder y el dinero, sólo la disfrutan unos pocos: los que se contentan con poco y los que consideran que ese poco es un mundo. Y soy consciente de que no disfruto de lo que creo que me hace feliz porque me centro en la importancia del tiempo que durará y no de que lo poseo. Obviamente es un problema, pero, ¿quién no los tiene?
He superado tantos problemas que me da miedo pensar que sólo he vivido una cuarta parte de todo el resto que me queda por crear. Que tengo miedo de que un día uno de esos problemas me consiga vencer. Sólo albergo esta rabia interiorizada y canalizada a través de un deseo de libertad, de despreocupación, de ser yo y sólo yo. De alimentar esa indiferencia que hace tanto daño a otros y, al final, a mí. De sacrificar deseos y sueños que de a poco no sobreviven en esta estepa de ilusiones, enterradas bajo los escombros de tanto tiempo malgastado por cosas que no lo merecían. Ser capaz de romper los sueños de otras personas, porque o no es el momento o no deseo perdonar por ahora todo el dolor recibido. Ser capaz de ver como con una simple frase, afilada como una aguja, puedes pinchar la burbuja que oprime su realidad. De que yo no siempre estaré ahí, de que ellos no siempre esperarán.


Cada uno tiene su camino a seguir y a algunos aún les quedan sueños que realizar, aunque a otros sólo nos quede la esperanza de encontrarlos algún día.

28 mar. 2012

Es difícil



"No confesaré. Estoy volviéndome loco pero no hablaré. Y no porque me de igual, porque me importa lo que piense de mí, claro. No puedo decirle lo que quiere oír.
Últimamente esa es la tónica de mi vida. Que no pueda hablar no significa que no lo quiera, tal vez lo deseé mucho... Estás con una persona, puedes ser feliz con ella pero no quererla o querer a alguien y no desear estar con él. No es necesario amar a alguien para quererle. Es... frustrante, cuando tu cerebro te dice lo que deseas y eso en realidad luego nunca pasa. Es agotador y... es complicado. Pero es la vida y la vida... es un asco."


Dr. George - Anatomía de Grey

26 mar. 2012

Conclusión

No necesito más hostias para darme cuenta de lo que estoy haciendo con mi vida. Y todavía no sé cuándo he de parar de hacerlo.

9 mar. 2012

Creo


Hoy al levantarme, me he dado cuenta
De lo bonito que son tus ojos al hablarme,
Parece que me ríes, que te callas las bocas
De tus pecas que me buscan a tientas.

Que te vendo dos de mis siete vidas,
Y se las das de comer a gatos callejeros.
Que me agotan la piel por los tejados
De tus besos esquivados con tu risa.

Que a veces he besado tanto
Tus planetas, explorando las facetas,
De tu corazón agrietado.
Que a veces me he velado tanto
La voz de callarme tantos secretos
De tus ojos de inconsciencia, apagados.

He buscado los colores, de ese mar
Que guarda nuestro banco de quehaceres.
He buscado y aunque encuentre,
Si no te encuentro a ti, no he encontrado nada.

Con sentido o sin él, se me han apagado las boreales.
Con el sin sentido, se me han pagado las dudas solas.

No digo que no haya querido aspirar
Tus labios para poder respirar mejor
Esas noches que tu cama no me quiere
Y soñando que sueño que soy tu almohada
Durmiendo a la intemperie bajo las sábanas.

Se me restan los aplausos, que me despiertan hoy con ganas,
Porque se me han nevado los ojos de restarte motivos,
De buscarte vestidos cuando desnuda luces tu mejor traje.
Aunque acabe siempre en tu armario desteñido.

El día desamanece para despertar contigo.

8 mar. 2012

~

Está entre tus piernas.










7 mar. 2012

Concepto


Estoy muy cansada de buscar mi camino. No está entre sus piernas, pero tampoco entre las tuyas. Estoy muy cansada de buscar mi sentido. Mi corazón aglomerado contra mis costillas, quiere escapar. Amar, dime, de qué cojones sirve amar. A veces hacemos tantas cosas con la idea equivocada de que el karma será justo con nosotros. La estúpida idea de que nos hemos ganado lo que no merecemos ni tan si quiera un poco. La vida es muy larga, la muerte un suspiro. Y viceversa. No podemos estar preocupándonos por algo tan banal como es el amor. El amor es como el dinero, hace feliz a quiénes lo tienen y los que no lo tienen, no lo necesitan. Amar sirve para que la gente te haga daño, sin más, un puñetazo a la boca de tu realidad distorsionada, un tropiezo, una explosión. Es complicarse la vida, hacértela cuesta arriba. Estoy cansada de perder mis besos en carreras, en tiempo perdido que vuela entre nuestras pestañas sin que podamos atarlo a nosotros.
Estoy cansada de sufrir y de no saber qué es lo que quiero para mí, que es lo que merezco, qué es lo que tengo que ofrecer.

Fuerte. A veces no queda más que eso. Tú mismo y la fuerza que le pongas a todo lo que hagas. Después de todo, las desgracias nunca vienen solas y todos los abrazos guardan algún compromiso. Hasta los que das a la almohada.




"Now it's back to the way we started. Strangers."


2 mar. 2012

Maldita seas



Malditas sean tus bocas, tu cuello al descubierto, medio tapado con vagueza de la perezosa camisa blanca que te aprieta la piel. Maldita tu esbelta fotografía de ti misma bajo el cielo, de tus bocados a los irisados ojos de tu adentro. Malditas tus ganas de perderte lejos, de descansar cerca bajo el escondite de tus secretos niños. Bajo tus ojos chicos en un armario escondidos. Malditas sean tus manos, que paren preciosas caricias y alimentan mi desconcertado corazón magullado. Malditos tus andares de bailarina esperando el éxito, malditas tus lagunas, tus vacíos, tus huecos, que me tragan, me lamen, me desesperan y me llenan el pecho de inquietudes. Maldito ese barniz con el que me lames las heridas, que acaban descorchadas y se van pelando con el frío invierno. De tus sonrisas, de quererme poco y echarme de menos. De no saber por dónde cogerte y por dónde saber que te has ido. Y tirarte flores a escondidas, por los lugares dónde caminas, para darle funeral a los pasos moribundos del irte y no volver.


Y bien que me gustaría gritarte a susurros que maldita la suerte la de todos de no ser ellos quien te hayan conocido, sino yo, que te he visto desnudarte tantas veces con mis ojos. Verte la piel del corazón cuando, con dolor, lo partes por la mitad y me das una de ellas a mí, aún palpitante y sangrante. Malditos tus ojos, llenos de caprichos y de ti, niña débil, refugiada en mi coraza, corazón inexistente de mis abriles más secanos. Maldito abril, que me trajo tu sonrisa enlazada con tus miradas al techo al hablarme, con tu boca que hablaba hacia tu garganta y no a tu pecho. Malditos tus ojos, sí, malditos ellos y sus girasoles inscritos volteados hacia mí. Como si yo fuera tu destino. Como si yo fuera algo que contemplar, tan brillante como cada sol de mediodía. Maldita mi boca, tantas veces cerrada y tantas veces sin ella, que sin ti a veces me quedo si quererlo, sin quererme en tu juego, ni un poco. Maldito pecho agujereado de manipulaciones y de mentiras, maldita sangre azul que inunda mis risas principescas. Maldita seas, que te quiero tanto. Maldita sea yo, que ya no tengo voz donde darme golpes. Que sin ti, malditas las veces que no respiro, que apareces para hacerlo por mí y te dejo sin risa en la voz. Y quisiera darme cuenta, como me doy cuenta de que existo, de que sienta lo que sienta, sin ti pierdo el norte pero llueven menos tus ojos si no te olvido.

21 feb. 2012

Tu cuerpo





Tu cuerpo es como una piscina de olas, es como dos días libres seguidos, olor a sábanas recién cambiadas, olor a sexo. Me habla, con sus tres mil bocas que me besan en cada lugar donde poso una parte mí. Es como una conversación idiota, tres copas de más, una bandera blanca que ondea sola. Maquillaje corrido. Besos que se pierden al amanecer. Tu cuerpo es caliente como tres soles puestos uno encima de otro, no cabe ni en dos galaxias, el universo no le llega a los zapatos en lo que se refiere a noches en vela. Mis ojos te visten de párpados cerrados pero sigue siendo mejor mandar astronautas a buscar vida en tus lunares, a besarte cada poro, a suspirarte en cada oreja. Los latidos de tu corazón hacen que tiemble imperceptiblemente, como tu sonrisa, afectada, cuando intenta ganarle terreno a tus mejillas al subir. Tu cuerpo, cubierto por tu piel de blanco color de ojos pálidos los que te miran, sean míos, que abducidos quedan por él. Cultura de laberintos intrínsecos, minotauros que se esconden tras tus pecas, sonrisas, hechos, defectos, lágrimas, secretos. Cerraduras que se abren con mis dedos.


Tu cuerpo, léxico perdido de mi lengua, húmeda desgana que relaja los dientes antes de reírlos en tu pecho. Libertad. Tu cuerpo es libertad. Lápices que colorean tus voces. Tu historia hecha materia, mi sueño, mi pesadilla, mil veces mi envidia de tus sueños más rebuscados. Carreteras vacías. Lluvia ácida. Te deshace la boca, la ropa, los días, las lunas, las estrellas, de tus ojos las palabras que te callas. De largo tiempo, de lamerte cicatrices, de comerte, vomitarte, de que duelas, de beberme tu pelo, como un buen vino. De catar tus escondrijos, de buscarte los tesoros, de palparte buscando minas, de explotarte las mentiras. De ducharme con tu olor, levantarme con él, desayunar con tu voz. No necesitar paraguas porque estás tú para darme sol. No ver más que mi nariz porque lo eclipsas. Con tu cuerpo, tus labios, mordértelos, hacerte equivocar, que aciertes sin querer, que me ignores sin amar. Que desvirtúes mis andares, de mis dedos por tus calles. Que cometas delitos mirándome desde abajo, mordiendo tu labio. Rojo, inmenso, definido, exótico, acolchado, dulce, entero, demasiado para mis manos, mis ojos, dientes, lengua, manos, brazos. Caderas que me recuerdan lo roncos que son tus placeres vaginales, saberte a escondidas tras las sábanas. Verte llegar desde dónde sólo puedes ver mis ojos chispear. Lo difícil que es decirte que te echo de menos, lo fácil que es odiarte, lo complicado que es quererte y lo simple que es la manera de conseguir conocerte. Lo que me cuesta que te creas que eres algo más de lo que piensas de ti misma. Gritarte, desgarrarte la ropa a tiras con mis ojos, desnudarte con ellos, degustarte con los dedos. Quererte, amarte, besarte los ojos, las cuerdas vocales, los huecos que te falten por ser reconocidos, explorarte los pensamientos, sentirte los pesares. Devorar tu pena, apartar con las manos tus quebraderos de cabeza, cubrirte de la saliva de mis sonrisas cuando te entierro en besos. Demostrarte que por ti, me equivoqué, que por ti me acuerdo de respirar primero y vivir después. Que por ti amanezco y me entierro cuando duermo. Que por ti nada es nuevo ni viejo. Que tu cuerpo, es mi lugar, mis huesos, mi aguja sin hilar. Mi debate, destino. Cenas, leyes, física, química. Que de tu alquimia me alimento.

Que si ti la vida no tiene sabor ni fundamento.

19 feb. 2012

Más de lo que piensas


Sólo quise volar, por dónde fuera,
Estuviera el mar, de tus ojos al reír,
Estuviera el sol, que de a poco
No calienta.

Quería ser algo más que un amanecer,
Más que noches desperdigadas por la semana,
Más que lo que tú pienses de mí.
Quería ser más de lo que piensas de mí.

Quise arrancarme a reír las carcajadas
De mi gastada garganta de gritarte desnuda,
De querer darte la libertad que no poseo
Y que no quiero para nada.

De buscarte los ojos para mirar
Como tus pestañas se ríen de mí,
De mis arañazos sin curar,
De cómo no me lames las heridas.

Y se me infectan,
Y con cada dolor, se me va una gana de amar.

18 feb. 2012

Seas quién seas


Tú, seas quién seas, tú que esperas algo
que yo no puedo darte.
Tú que mueres, tú que vives y creces
En algún lugar donde nadie es bienvenido.

Yo que siempre espero, yo que siempre te busco,
Que aquí estoy contándote los descosidos.
Yo que siempre te he querido, desde lejos,
Todo lo lejos que nos separa el destino
Y el nunca habernos conocido.

Puede que llegue ahora, puede que lo este viendo venir,
Y me cambie de acera
porque tengo miedo a que meta su dedo en mi llaga,
a la que todos llaman corazón.

Tal vez tengas razón, tal vez deba devolverme
esas lunas que convertí en ti,
tal vez deba convertir mi insomnio,
en soñar y dormir.

Seas quien seas, estás como a mil kilómetros luz,
Y yo sólo soy esa estrella a la que nadie llega,
Y pinto soles en tu piel desgastada, y abrazo las palabras
De tinta y desayunos caducados.

De amor desgastado, de amor, de amor en mal estado,
Amor, ese que nunca se fue, pero nunca supo llegar.
Amor a tus pestañas, tus labios, tu voz, tu risa, tus mundos,
Recovecos y cajones cerrados con llave.


Tú, seas quién seas.

27 ene. 2012

Tonterías

Hoy me apetecía escribir de gilipolleces. He mirado por la ventana, he visto como caía la lluvia por encima de todas las cosas. Me he visto a mí misma debajo de ella y me he sentido viva.
La verdad es que últimamente necesito sólo eso: sentir las cosas otra vez, sentirme viva. Llevo pensando mucho tiempo que me encantaría besar a alguien como si fuera mi primera vez, vivir mi primer amor. Vivir esos nervios, esos pensamientos imbéciles que se tienen cuando te estás enamorando. Vivir noches en las que tocar la mano de esa persona por primera vez sea en lo único en lo que pienses. Que vayan pasando los días, y las semanas, y vayan sucediéndose las cosas al final. Sentirme insegura, dudar, tener esperanzas, hacerme ilusiones... Enterarme de que esa persona también siente lo mismo.
Vivir amores adolescentes de esos que ahora me parecen estúpidos.
Hacer el amor y que no pareciera un polvo más.

Pero bueno, en el fondo sólo son gilipolleces. Nostalgia, supongo. No estoy muy segura.
De lo que estoy segura es que me encantan los días lluviosos como este. Y lo que me viene a la cabeza con cada gota que cae y se cuelga de mi ventana.

21 ene. 2012

Recesión




Tenerte tantas veces dentro de la cabeza, me hace preguntarme quién eres ahora. Acabo de cumplir diecisiete años y me siento idiota en mi mayoría. He dejado escapar demasiadas oportunidades de ser feliz y, al fin y al cabo, es eso lo que llevo buscando desde que sé lo que significa.


“La felicidad es el porqué de la vida y es lo que todos debemos encontrar en ella”.


Esa frase es una de las muchas que se me han quedado grabadas de mi infancia y ese deseo aún perdura. Pero, ¿cómo sabes que una cosa te hará feliz a la larga o no? El sólo simple hecho de sentirte bien con ello superficialmente no aclara nada, porque sabes, sé, que eso siempre cambia conforme va pasando el tiempo y se van olvidando esos motivos por los que empezaste esto o lo otro.


Siempre me han dicho que hablo demasiado del amor, ese cuento que tiene a medio mundo encandilado, ese cuento que nos leían de pequeños antes de ir a dormir. Ese cuento que te rompe demasiadas veces, y ya no el amor, si no su forma de utilizar ese amor con los demás. Que no decir que es un arma, más fuerte que ninguna otra, un arma que puede hacer feliz a todo el mundo a la vez o hundir a sólo uno en su contrario, el odio. Pero no entremos ahí. El odio es tan fácil de sentir como el amor, y a veces cuesta mucho enamorarte o darte cuenta de que lo estás. Ahí entra el papel del miedo, cuando él te agarra del cuello y junto con la negatividad, te cuenta lo que será de ti si decides amar.


Muchas veces, he de reconocer y todos, que la consecuencia de amar no es siempre “fueron felices y comieron perdices” pero ahí recae el riesgo. También, la felicidad que puedas sentir durante ese viaje es comparable a lo que sufrirás si de repente esa felicidad se pierde. Cuánto más feliz seas, más sufrirás si esa felicidad de repente desaparece. Pero lo que viviste, lo feliz que has sido recorriendo ese mundo, eso nada ni nadie puede quitártelo.


Con esto quiero llegar a que, si sabes que alguien puede hacerte feliz, despreocúpate de lo demás y vívelo. Aunque duela después, nadie podrá arrebatarte esa felicidad, esos recuerdos y siempre habrás aprendido algo, aunque no lo creas. Y cuando aprendes y recuerdas lo bueno, lo mejor viene después. Porque ya has vivido esa prueba difícil y la has superado. Has puesto masilla y cemento donde erraste y ya jamás volverán a abrirse esas fugas. Pero, es cierto, que somos humanos y que aprendemos a base de palos. Puede que vuelvas a equivocarte, pero si tú quieres, siempre puede ser para mejor.






Y ahora, recaigo sobre mi primera frase: ¿quién eres ahora para mí?


No lo sé. Ni siquiera sé quién es para mí cualquier persona. Y lo que he dicho anteriormente queda vacío de toda credibilidad cuando digo que ni yo misma lo pongo en práctica. Tal vez necesite un empujón, tal vez te necesite a mi lado una vez más. No puedo obligar a nadie a que haga esto de esta forma. No puedo obligarme a sentir, cuando no sé qué es lo que siento. No puedo obligarme a decidir. Tal vez la solución sea alejarme de todo esto más de lo que me he alejado, perderlo todo, para saber qué es lo que quiero recuperar. Tal vez sólo necesite dejarlo todo, para saber que es por ti, sea quién seas. Porque, lo dejaría todo por ti… Si realmente fuera capaz de hacerlo y me dieras el motivo único por el que abrazarte con fuerza al despertar. Aunque motivos para ese, encuentre millones más.


Lamentablemente, estoy enganchada a eso que me haces de nuevo sentir, ese calor que tanto eché de menos meses atrás, esa boca que no se equivoca ni un poco en su forma.


Ese amor que aparcamos durante meses y que parece nacer tan sólo de chispas… Y en tan sólo dos semanas hayamos visto nacer llamaradas de ellas. Y parece nunca acabar.


Estoy tan colgada de esas pestañas, de esos ojos, los tuyos, de tus piernas y brazos sobre mí. De toda tú en lo que eres, sobre mí. De esos “te quiero” que hacen que te cierre la boca con un beso cuando estás a medio acabar de decirlos. Y saber a ciencia cierta, que pase lo que pase, seguirás siendo ese motivo único por el que amar a alguien deja de asustar. Aunque siga sin saber quién de ambas guardará la felicidad que necesito, y yo siga sin arriesgarme a descubrirlo.