16 dic. 2011

Recupérate

Realmente no me gustas. No me gustan tus ojos verdes, que chispean tras esa mata de pelo, ni me gusta tu boca que dicen todos que es perfecta para besar. No me gustan tus manos, ni los lugares donde tienes los lunares. No me gusta tu pelo, acartonado y fácil de despeinar. No me gusta tu sonrisa, enseñando las encías ni la forma que tiene tu lengua cuando la sacas. Tampoco como sale tu cara en las fotos, ni la forma que tienes de besar. No me gusta tu cuerpo ni tu espalda. No me gusta tu nariz, terminada en punta, ni el lunar sobre ella. No me gusta el sonido de tu risa ni tu forma de comer, ni la cara que sueles poner cuando duermes, ni esa desastrosa forma de ahogarte por las noches. No me gusta que ni seas alta ni seas baja, no me gusta tu pecho, porque lo tienes pequeño y casi nadie se fija en él. Y normalmente cuando se refieren a él, hablan de "cosas pequeñas". Tu voz me recuerda a la voz de un hombre a veces y los gallos que a veces no puedes evitar hacer cuando recitas poesía son insoportables. No me gusta la forma en la que dibujas, ni tampoco me gusta que casi siempre te sientas vacía haciéndolo. No me gusta lo que escribes, no me gusta tu vida y como la llevas. Tampoco me gusta tu manera de vestir, tan poco armoniosa ni tu obsesión por ser feliz. Porque eso sólo hace que jamás consigas serlo.
No me gusta que seas perfeccionista con lo que haces, ni me gusta tu manera de salir de los baches. No me gusta tu manera de remontar, aunque acabes haciéndolo.
No me gustas Noemí y sé que mucha gente estará conmigo. No me gustas pero sé que a veces me has gustado. Que a veces has encontrado el techo de tu vida, y una trampilla te impulsaba más arriba, hacia lo que te proponías. Y lo lograbas. Te he visto a veces tan alto en el cielo que me sentía minúscula a tu lado. En ocasiones te he visto tan repleta, tan llena, tan ubicada en lo que eras y querías ser que muchas veces pensé que jamás nadie podría hundir tu mundo. Me gustabas cuando brillabas como el sol veinticuatro horas al día y la noche casi nunca llegaba. Me gustaba tu vida, me gustaba lo que sentías en tu corazón, ese calor del que ahora careces.

Pero ahora no me gustas, no te soporto y si no cambias, seguirás sin gustarme. Y seguiré sin aparecer por tu vida, y seguiré separada de ti, mirándolo todo desde fuera. Mirando como cada vez te sientes más vacía y no sabes lo que hacer y para donde tirar... Y cada vez irá a peor... Cada vez te consumirás más y más. Cada vez serás menos que nada, porque es así como intentas auto-convencerte. Auto-convencerte de que no te gustas y de que jamás conseguirás nada. Inténtalo, intenta coger alguna cuerda, la que sea, para salir del pozo. O intenta escalar sus oscuras y resbaladizas paredes. Haz lo que sea por salir, pero sal. Porque si no, acabarás matándote a ti misma. Acabarás creyéndote las mentiras de otros. Y te abandonarás por el camino, ese camino por el que andas a tropezones con la idea de conseguir lo que nunca has tenido.
La felicidad.



Firmado: Tu amor propio.

2 comentarios:

Anne Frank dijo...

Me sentí realmente identificada y la verdad es que no lo hubiese expresado mejor.

Dan dijo...

No hay pozo. No hay montañas que escalar ni escollos que superar, no hay relieve en la senda del alma. El sufrido viajero anda confuso hacia la cima, pero tan solo cuando la alcanza se da cuenta de que siempre estuvo en ella con los ojos vendados.
No te precipites en un agujero que no existe. Esa mitad del alma que te falta no volverá, porque aunque no lo creas nunca se fue. Siempre serás tú.
Dan