6 jul. 2011

Números rojos

Miro por la ventana   
y llueve en sus cristales
que no son sino los míos
cubiertos por esta mierda de día.  


Se me escapa, entonces
la risa entre los dedos 
y ahí va  
como siempre se va y no vuelve


¿Cómo la tuve?  
Que su nombre no tiene eses 
pero sisea cuando la nombro 
cuando sus curvas acaricio en el insomnio.


Que le he contado las pecas 
de su pelo, los cabellos
que son sino sus largos dedos  
donde esa risa que vuela se queda.


Y cierra su mano, 
y por eso no sale. 


Y planea por las nubes,
que se forman cuando escupe
esas cosas que dice
que ni de lejos suenan dulces.


Porque a ella nunca le gustó 
el sabor del chocolate
pero sus labios siguen sabiendo a él.


Que ni de lejos sigo siendo yo,
que hace cinco versos que repetí
la mitad de lo que pone 
en el primero de esta estrofa.


Que no soy de repetir lo que digo
y menos lo que hago
pues suena aburrido
y ella no se merece que le haga tanto caso,


A lo mejor es hora de dejar
lo que un día tú y yo empezamos
que estoy harta de que el viento
se lleve, además de las palabras, tus encantos.


Que no sé si soy yo
pero cada vez que follamos todo va mejor
y follamos sólo cuando tú quieres.



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