18 nov. 2009

Okupa.


Esponjoso estado de embriaguez me aturulla el subsconciente con imágenes sobre tí. Me acapara el pensamiento y las fibras de sueños se escapan flotando por mis oídos cuando recuerdo tu voz, melodiosa sintonía de lengua contra encía curvando los labios, de boca abierta y estirada, de boca abierta solamente y de caricia de paladar y lengua con los labios en círculo. Eso es lo que imagino yo cuando me dices te quiero.
Intenté que mis piernas crecieran y atravesaran kilómetros con un paso pero, desgraciadamente, me dí cuenta que el problema que la lejanía nos proporcionaba no se podía solucionar con sueños sobre largas piernas y distancias cortas. Y pienso, mil veces al día, si tú estarás pensando en algo que tenga que ver conmigo porque, si hay algo difícil en este mundo, es no cercionarme de lo que hay dentro de tu mente.
Y es inútil, como los besos que no diste, los que quedan por contar, como los abrazos que se escapan entre tus dedos, como las miradas con sonrisas inscritas en su iris que se desvanecen sin dejar ni un ápice de tí. Como tú, como yo, como las horas que nos quedan por pasar.

Los días se abren ante mí entre un gran prado seco de espigas, abriendo la senda que me llevará hasta el palacio que eres tú, atravesando el gran portón rojo de tus labios, subiendo las escaleras de tus dientes y tu lengua hasta llegar a la habitación de grandes ventanales negros, que son tus ojos. Buscar en cada recoveco de tu anatomía algún signo que me diga que existes, porque si no te lo dije, hay veces que me parece que sólo eres parte de mi imaginación. Vivir como una reina sentada en el trono de tus sueños, sintetizar tus recuerdos y formarme vestidos de gala con ellos, destruir con mi amor tu tristeza y abrazar tu omnipresencia que me acaricia con suspiros la nuca cada noche, a través de la brisa de una de tus ventanas negras. Defenderte de la vida y ayudarte a reconstruir las partes que se cayeron tras las guerras. Conquistar hasta el último lugar y paisaje que me ofrece tu interior con mis soldados y hacerte totalmente mía. Gritar en tu salón vacío tu nombre y escucharlo en miles de ecos que se propagan por toda tú. Serte fiel, porque eres inigualable. Cuidar de cada rincón de tu estructura con mimo y ocuparla con pequeños pedazos de mi amor. Morir entre cada una de tus paredes, que cobijan a mi alma para que permanezca allí, cuidando de cada parte de ese palacio que mantuve con mis manos y mis sentimientos, formándolo a partir de pequeñas fibras de caricias que deslizaban de mis dedos. Como si pintara un cuadro, como si creara belleza. Y ahí, sólo ahí, permanecerías hasta el final de los tiempos, impoluta, hermosa y distante. Ser la única ocupa de tu corazón.

Las guerras van y vienen, pero mis soldados son eternos.

1 comentario:

Victoria dijo...

Qué hermoso escribís!!!
Y qué lindo color de ojos, por lo que veo en la foto del perfil =)
Que andes muy bien,
saludos.