22 ago. 2009



EN UNOS CUANTOS SEGUNDOS

Como el mar me dijo adiós con la mano de espuma,
como utilicé mi pluma para hacerte un cielo,
como cuando el perdón pasó mi culpa,
y tus manos calmaron mi deseo.

Dos pesados besos de tus labios agridulces,
credos que desaparecen cuando un océano de mantas nos cubren,
dos segundos de tenues luces azules,
y tus ojos respirándome miradas que me escupen palabras entrelazadas.

Vagas esperanzas y el segundo se hizo eterno,
entre los besos y abrazos en un mundo de sueños amarillos,
el adiós de ese mar se quedó lejos,
cuando llegaste y pusiste tu lengua colgando en un apaño daño crítico.

Bases de risas amortiguadas por tus dientes,
que se encienden y se apagan como luces fluorescentes,
en una oscuridad donde nuestras entes dejan de entenderse
por palabras que se escapan de susurros sonrientes.

Me miras y yo lo siento,
como si tuvieras unas alas encaramadas en tu espalda,
antes para entenderme usaba espadas
y los puñales envenenados eran parte de mi alma.

Una coraza que protegía el interior
y lo sigue haciendo porque no pude olvidarme de ella,
pues son tantos los motivos por los que sigo pensando,
que en esta noche de imprevistos y sorpresas, te quiero de aquella manera.

Fuerte, valiente y claro,
sigues besando mis intelectos y haciéndome sentir celos,
son como fuego que se escapa detrás de tí, ilumina como un faro,
y hago parar para decirte un "volvamos a empezarlo".

Palabras que el tintero llevó a la boca,
lamiendo la punta y haciendo fluir los secretos escondidos de mi ser,
fuerte dolor de alma de roca, mi cuerpo con el tuyo se disloca,
vuelve loca mi subconciencia de sueños de escased.

Y en todos esos sueños sales tú, haciéndome sonrisas de sal.

1 comentario:

Amnesis Poética dijo...

Para el amor, muchas veces, no se necesitan palabras, sólo unos besos que nos llenen la boca.
Un beso grande!