19 jul. 2009

Se muere, se muere, se muere. Sin evitarlo, se muere. No hay cura, no hay médico, ella está sola, no la pueden ayudar, se da asco. LLora en silencio, pide clemencia, grita con todas sus fuerzas pero no es escuchada. Está perdida, siente miedo, tiene ganas de caer y no se le ocurre el modo. No se siente parte de ella, es algo extra, un estímulo le recorre la espalda con rapidez. Alguien la observa y, sin poder evitarlo, solloza. La ocuridad se ha apoderado de sus sentimientos, su única emoción es el horror y la tristeza, el miedo, se siente perdida y no existe un mapa del alma. Cada vez se vuelve más transparente. Por sus ojos desbordan inimaginables cáscadas de lágrimas, se ahoga. No puede respirar, algo le aprisiona el cuerpo, se siente atada y sin poder moverse. No puedo despedirme de ella, muere sola y en la oscuridad. Brota la sangre, se hace pedazos.
-Quien podría querer a una niña como tú, ¿no lo entiendes? Sólo jugaba contigo, quería ver como era, curiosidad solamente. Tú no me interesas en absoluto. ¿Pensabas que me había fijado en tí? Pobre. Das pena.

"Ves, es fácil. Lo frágil se rompe."

Un grito desgarra la realidad con un corte limpio. El telón se ha bajado. Para siempre. Se ha acabado la función...
Duele pero es real, mi alma engulle su recuerdo, acabo de olvidar. Aún la oigo gritar. Eco, eco, eco, eco... Y cada vez menos y menos. Silencio total. Sonrío.
Caigo desplomada al suelo, araño la indiferencia, araño la incertidumbre, araño el amor, araño tu esencia, me araño las partes de la mente. Y de repente, crash, el alma se abre y de ahí salen mariposas sin cesar. Una oleada de insectos voladores que han desplegado sus alas para ser libres. Su magia es incomparable y única, su magia me ha dejado fría. Muere un sueño.
El funeral de los corazones da comienzo. Se oyen orquestas, coros, pero sólo hay un ataúd dorado. La estancia se viste de rojo sangre y gris, se viste de tristeza y de complemento lleva la guaraña. Oigo una risa, crees que es mía, pero no te das cuenta de que La Muerte nos ha echado el aliento en el cuello. Sólo existe un último adiós. Era importante, ella era importante. La cebé a engaños y trucos, hice que sufriera por su bien, terminó todo con una indigestión de placer amargo... No quería que ella fuese pecadora, que la mataran. Preferí deshacerlo, romperlo y fue fácil. Horriblemente fácil. Engullí su alma, su recuerdo y he olvidando su estancia en mi vida. Pego una calada al aire y pienso: "No se ama a una hermana" . Y duele, joder, claro que duele. Pero no permitiré jamás que alguien le diga que tiene el aire contaminado, que morirá ante Dios, que será mandada al mismísimo infierno. No, eso no. No creo en ese ente llamado "Dios".
No creo en algo si ella no está involucrada. Esa fue mi reflexión, mi suerte, mi último aliento antes de sucumbir. "Tú alma por la de ella" El brillante ataúd quedó abierto y vacío, salpicado de mi sangre al igual que la guaraña. Santuario de ángeles. Ya no te es permitido entrar. Vives. Yo por tí muero...


Noem.

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