19 jul. 2009


Hay algo que tengo que decirte. Hay algo que no puedo esconderte por más tiempo. Ese algo es mi ilusión, mi esperanza, mis ganas, mi libertad y sobretodo, ese algo, es mi felicidad. Tengo que decirte que... La he perdido. Fue hace tiempo cuando creí que ya nada podía dañar mi mente, la máscara se desquebraja y esos trozos no son fáciles de unir. No he intentado unirlos. Tampoco importa. Nada de lo que pueda contarte importa, pero bueno, ni siquiera sé lo que es importante o no. Me siento en un banco del parque, repaso las hojas del libro que se creó sólo el día que nací. Me siento tan horriblemente bien a veces. ¿Por qué? Esa es la pregunta retórica que nadie más que yo puede responder. Te necesito, como las olas necesitan la espuma para ser feroces. Mi fuerza es nula, siento que si no te veo ahora mismo, en este momento, algo se rompe dentro de mí, y ese algo eres tú. Tu recuerdo, tus "¡Hola!", tus risas, tus ojos mirando a través de la distancia. Tú. Ahora siento que tengo una razón para echarte de menos, una razón para perderte y volverte a tener, una razón para gritar, llorar y reír. Una razón para sentirme como me siento ahora. Una razón para encontrar mi felicidad. Una razón para pensar que nadie es totalmente imprescindible. Una razón para cambiar.

Y esa razón eres tú. No soy perfecta... Ni pretendo serlo. Sólo necesito una nota de solfeo que me eleve al infinito. El tiempo pasa deprisa y a veces se detiene cuando te siento cerca, sólo necesito un fa bien alto entonando la palabra "tú". Sé que por mucho que quiero jamás podré tenerte. Estás tan lejos. Sólo pienso en los segundos que faltan para vernos, me conformaría con contemplarte desde lejos, porque sabiendo que existes, ¿qué otra felicidad puedo albergar? Hace tiempo que dices que tienes que volver y... Bueno, nunca dijistes que te irías. Pensé que todo esto es sólo, dios, ¿cómo puedo decirlo en voz alta sin romperme en pedazos? Es sólo lo que tenía que ocurrir. Tú allí, yo aquí y muchas millas de distancia... Que alimenta mi pasión.
Te siento como la miel caliente de un vaso de leche paseándome por la garganta, calmando mi sed de frío al saber que sea como sea, mi máscara se ha tranformado en una sonrisa de hipocresía. Ya no sonrío como antes. Mis fantasmas me persiguen, las hadas desaparecen cuando me despierto, mi vestido verdeazulado se convierte en un simple pijama al amanecer. Soy princesa de este cuento sin final, sólo logra terminar con un punto y seguido cuando el sueño se acaba. Y no vuelve a renacer, se queda a medias.

Muchas veces desperté llorando. Y todas aquellas noches que te recordé.
Pienso en que esta no es la manera en como quiero que acabe mi historia que solo acaba de comenzar. O eso creo.


Noem.

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