19 jul. 2009

Ella.


Dulce silueta de compleja anatomía enfatiza con mi cuerpo y mis incesantes deseos de tenerla. No lo soporto. Saber que ella y nada más que ella, ser humano igual que yo, se ha convertido en el eje de mis sueños, en el eje del bombeo de sangre a mi cuerpo desde el corazón. Alimento mi espíritu de sus acarameladas palabras que penetran sutilmente y hacen vibrar mis sentimientos como unas cuerdas vocales cantando una gran obra maestra. Como dijiste: Escribiría el mundo y no me convencería. Pues al igual que yo soy tu musa, tú compones los más longevos y hermosos actos, melodías al compás del viento, que detendrían el tiempo en el momento de juntar nuestros labios. No existe ningún paraje lo suficientemente perfecto para tí. No existe nada tan perfecto como tú y tus ganas de amarme. Si tú estás no existo yo, porque por más que quisera no podría sucumbir al verte y tenerte al lado, sería tener la culminación de un ángel tan bello que sólo se me ocurre esa palabra tan vacía para describirlo, porque no existe una descripción lo bastante amplia para decir cómo eres. Ni yo misma lo sé. Misteriosa, pícara, preciosa en todos los términos. Ella es la persona que me hace más feliz en el mundo. Y sin ella, sin ella no existe un yo. Por eso, por más que quisiera no podría quitarte el puesto que te has ganado con ventaja. Eres la reina de mi mundo, la personificación de mi amor, amor que contigo derrocho sin importarme si lo absorbes todo o no. Tenemos tiempo para darnos cuenta que somos unas desconocidas que se aman, que recorren por la noche los puentes que nos unen, que unen nuestros sueños. Porque si tocarte no puedo, imaginar, soñar un mundo contigo y con nadie más es mi gran ambición. La marca de tus besos en mi alma...

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